La delincuencia arranca rejas en La Habana y Holguín mientras el régimen mira a otro lado

La televisión oficial terminó admitiendo lo que por años el régimen ha querido maquillar con discursos sobre control y orden: en Cuba la delincuencia se lleva hasta las rejas, destruye espacios públicos y actúa a plena luz del día sin una respuesta visible del aparato policial.

Un reportaje de Canal Caribe mostró robos reiterados de cercas y daños en instalaciones de La Habana y Holguín. Las imágenes hablaron por sí solas. En la secundaria Fructuoso Rodríguez, en el Vedado, las rejas fueron arrancadas después de que retiraran a los custodios, y el local quedó ocupado de forma ilegal. Vecinos dijeron que han denunciado la situación varias veces sin obtener una solución efectiva.

El propio noticiero difundió también un video grabado a las 2:00 p. m. en Holguín, donde un hombre desmonta y se lleva un tramo de reja del parque Julio Grave de Peralta, conocido como el Parque de las Flores, frente al telecentro Telecristal. La escena, captada en plena luz del día, expone la desprotección total de un espacio público donde el delito se repite sin freno ni disuasión.

La Finca de los Monos, en el Cerro habanero, apareció como otro ejemplo del abandono. Directivos del lugar reportaron la pérdida de alrededor de 26 paños de rejas en cerca de un año, junto con el vandalismo a centros eléctricos que agrava los apagones. En medio del colapso material que sufre la Isla, hasta la infraestructura básica queda a merced de saqueadores y especuladores.

Testimonios recogidos en el propio reporte señalaron incluso la participación de un camión con chapa estatal en uno de los robos. Ese dato desnuda una realidad más grave: la frontera entre el desorden social y la complicidad institucional se ha vuelto difusa en un país donde el control político abunda, pero la protección real de la gente y sus bienes desaparece.

El noticiero intentó refugiarse en la fórmula gastada de la “responsabilidad compartida” y en el llamado a denunciar. Pero los entrevistados dejaron claro que el problema principal sigue intacto: la falta de respuesta policial, la desprotección de las instalaciones y el daño económico constante a entidades que no terminan de recuperarse. Cuando el régimen deja crecer la impunidad, el vandalismo se vuelve rutina y la denuncia ciudadana queda en papel mojado.

Los comentarios de la audiencia en redes sociales apuntaron en la misma dirección. Hablaron de ocupaciones toleradas, policías ausentes y denuncias sin seguimiento. Detrás de cada reja arrancada hay una crisis más honda: deterioro institucional, crisis económica y un sistema incapaz de imponer orden ni de cuidar lo que administra. En Cuba, la impunidad también se roba a plena luz del día.

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