La Seguridad del Estado detuvo este viernes en su propia vivienda de Pinar del Río al intelectual cubano Dagoberto Valdés Hernández, director del Centro de Estudios Convivencia, y desde entonces se desconoce su paradero. La denuncia del CEC confirma una vez más el método más brutal del régimen: llevarse a un opositor a plena luz del día y dejar a su familia y a su entorno en la incertidumbre.
De acuerdo con la organización, el mayor Ernesto, oficial de la Seguridad del Estado que desde hace años hostiga a Valdés Hernández, llegó hasta la casa y se lo llevó en una patrulla policial. La búsqueda posterior en estaciones de policía y oficinas de la Seguridad del Estado en Pinar del Río no arrojó resultado alguno. El régimen vuelve a actuar con el mismo patrón de represión opaca, sin dar explicación, sin ofrecer garantías y sin responder por el paradero de un ciudadano detenido por razones políticas.
Valdés Hernández ya había sido citado e interrogado en noviembre en las Oficinas de Inmigración y Extranjería de Pinar del Río. Según la denuncia del CEC, aquella comparecencia duró apenas 21 minutos y terminó con otra sugerencia infame: que abandonara el país. Durante el interrogatorio, el mayor Ernesto preguntó por el viaje que el intelectual realizó a España entre septiembre y octubre para recibir la medalla doctoral en la Universidad Francisco de Vitoria, y también insinuó que él y Yoandy Izquierdo Toledo debían ejercer la docencia en el extranjero. La presión seguía el mismo libreto: empujar al exilio a quienes el poder no logra domesticar.
La trayectoria de Valdés Hernández explica por qué el régimen lo tiene en la mira. Ingeniero agrónomo y máster en Ciencias Sociales, nacido en Pinar del Río en 1955, lleva décadas dentro de la sociedad civil cubana y ha sido víctima de represión sostenida. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007, y ha recibido premios internacionales como el Jan Karski al Valor y la Compasión, Tolerancia Plus, Nuestra Voz, el Príncipe Claus de Cultura y Desarrollo y el Premio Patmos. Esa hoja de vida, marcada por la defensa cívica y el pensamiento independiente, basta para entender la saña del aparato represivo.
En 2000, incluso la prensa oficial lo convirtió en blanco de una campaña abierta, cuando Granma le dedicó dos editoriales y un artículo para catalogarlo como contrarrevolucionario. También lo exhibieron en la Mesa Redonda. Lo que hoy ocurre en Pinar del Río sigue esa misma lógica: desacreditar, intimidar, cercar y desaparecer temporalmente a quien no se somete. El régimen castiga la independencia intelectual como si fuera delito, y lo hace con la policía, con la Seguridad del Estado y con el silencio forzado que deja a cada detenido fuera del alcance de su propia familia.

Sé el primero en comentar