El congresista cubanoamericano Mario Díaz-Balart confirmó que han existido conversaciones con personas “alrededor de Raúl Castro” en medio de los contactos que la Administración Trump mantiene sobre Cuba. La aclaración llegó para frenar la lectura de que esas gestiones significan una negociación formal con la cúpula del régimen, y dejó al descubierto una vez más la fragilidad política de La Habana frente a Washington.
Díaz-Balart dijo al Miami Herald que esos acercamientos se han producido con múltiples figuras cercanas a Raúl Castro, “al más alto nivel”, aunque insistió en que no se trata de negociaciones. La precisión importa porque separa el intercambio diplomático de cualquier intento de salvar a la dictadura mediante un arreglo de despacho, un terreno en el que el castrismo siempre busca ganar tiempo sin ceder poder real.
El legislador también comparó esos contactos con los que, según él, tuvo el entorno de Donald Trump con Nicolás Maduro antes de su captura. Con eso colocó el tema en el marco que más incomoda a La Habana: el de un régimen que conversa mientras se sostiene sobre el control político, la represión y el desgaste de una crisis que ya no puede esconder.
Trump, por su parte, volvió a referirse a Cuba y habló de una grave crisis humanitaria en la Isla. Dijo que una eventual “adquisición amistosa” podría ocurrir, pero dejó claro que no depende de la buena voluntad de una estructura que, según sus palabras, está “hecha polvo”, sin energía, sin dinero y en serios problemas humanitarios. El mensaje fue duro y directo: Washington ve a la cúpula cubana debilitada y en aprietos.
El presidente estadounidense añadió que el gobierno cubano terminará aceptando algún tipo de acuerdo con Washington o que Estados Unidos procederá igual. También elogió a Marco Rubio y aseguró que confía en su papel en cualquier proceso de cambios para la Isla. En el discurso de Trump volvió a aparecer la comunidad cubanoamericana como uno de los motores políticos de esa presión, con la carga histórica de décadas de exilio provocadas por el sistema impuesto por el castrismo.
Las declaraciones confirman que la Casa Blanca sigue mirando a Cuba como un problema abierto de poder, crisis y supervivencia del régimen. Mientras la dictadura se aferra a su aparato de control, el entorno de Raúl Castro aparece otra vez en conversaciones que revelan aislamiento, desgaste y búsqueda de salida. La consecuencia para los cubanos sigue siendo la misma: un país empobrecido, sin energía, sin dinero y atrapado por una cúpula que no suelta el mando.
Mario Díaz-Balart confirmó contactos con personas cercanas a Raúl Castro mientras Trump vuelve a presionar sobre la crisis y el futuro del régimen cubano.[24][

Sé el primero en comentar