El presidente Miguel Díaz-Canel confirmó que el régimen cubano abrió conversaciones con Estados Unidos para buscar una salida a la crisis energética que tiene a la isla entre apagones, escasez de combustible y protestas en las calles. La admisión llega después de días de negaciones oficiales y en medio de una presión creciente sobre La Habana.
Según explicó, los contactos están orientados a “buscar soluciones por la vía del diálogo” y a identificar primero los problemas que requieren respuesta. Aun así, el propio mandatario dejó claro que cualquier acuerdo está lejos, una frase que deja al descubierto la fragilidad de una economía asfixiada y la dependencia política que el poder intenta maquillar hasta el último momento.
El anuncio importa porque desnuda la dimensión real de la crisis que sufre el país. Cuba lleva meses hundida en una emergencia energética alimentada por la falta de combustible y por apagones cada vez más frecuentes y prolongados, un deterioro que ha empujado a miles de cubanos a protestar. Cuando la electricidad falta, no solo se apaga la vida cotidiana; se paralizan hogares, trabajos, servicios y cualquier intento de normalidad en una sociedad ya castigada por la escasez.
La confirmación también llega después de la excarcelación de 51 presos, gestionada en contacto con El Vaticano, y tras la presión de Washington sobre el régimen. En esa secuencia, La Habana vuelve a exhibir el mismo patrón de siempre: cierra filas, niega lo evidente y termina admitiendo movimientos forzados por la crisis. El costo lo sigue pagando el cubano de a pie, atrapado entre el colapso energético, el control político y una dirigencia que responde tarde y a medias.
Mientras el poder habla de diálogo, la realidad en la isla sigue marcada por la carencia y el desgaste. El régimen no ha logrado resolver el desabastecimiento de combustible ni contener una crisis que ya desborda la propaganda oficial. La confirmación de estos contactos solo refuerza una evidencia incómoda para La Habana: el modelo que impuso durante décadas no sostiene ni la energía del país ni la paciencia de su gente.

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