La inflación formal en Cuba baja, pero la crisis sigue mordiendo

La inflación interanual en el mercado formal cubano cerró enero en 12,52 %, una caída leve frente al 14,52 % de diciembre, según la Oficina Nacional de Estadística e Información. El dato ofrece un respiro en la estadística oficial, pero deja intacto el golpe diario sobre los bolsillos de los cubanos, atrapados entre salarios pulverizados, escasez y una economía sin alivio real.

El propio indicador muestra que el descenso tiene límites. Frente a enero de 2025, cuando el IPC estaba en 24,23 %, la comparación luce mejor en el papel, pero la vida dentro de Cuba sigue marcada por precios altos, apagones y una oferta insuficiente que empuja a las familias a buscar fuera del mercado formal lo que el Estado no garantiza.

La variación mensual fue de 0,67 %, mientras que en relación con enero del año pasado el aumento alcanzó 0,88 %. En otras palabras, la desaceleración no borra la presión acumulada sobre bienes y servicios básicos, ni corrige una estructura económica rota por años de controles, improvisación y una gestión que ha hundido al país en una crisis prolongada.

Entre los renglones con mayores alzas interanuales aparecen Bebidas alcohólicas y Tabaco, con 36,16 %; Restaurantes y Hoteles, con 21,14 %; Educación, con 18,49 %; Servicios de la vivienda, con 14,85 %; Alimentos y bebidas no alcohólicas, con 12,51 %; Bienes y Servicios diversos, con 11,94 %; y Muebles y artículos para el hogar, con 11,04 %.

Comunicaciones siguió como la categoría menos inflacionaria, con 0,47 %, pese al fuerte aumento de tarifas aplicado el 30 de mayo, que disparó los precios de las recargas adicionales de la telefonía móvil y provocó protestas y controversia. El dato confirma cómo el régimen intenta maquillar sus desequilibrios con estadísticas parciales mientras traslada el costo de sus decisiones a la población.

También se reportaron repuntes moderados en salud, con 1,01 %; transporte, con 5,34 %; y recreación y cultura, con 6,06 %. Son cifras que, aisladas, pueden parecer contenidas, pero dentro de la crisis cubana forman parte del mismo cuadro de deterioro general que aprieta cada vez más la vida cotidiana.

La distancia entre la inflación oficial y la que realmente siente la gente sigue siendo enorme. Según estimaciones del economista cubano Pavel Vidal, la inflación real en 2025, que incorpora los precios del mercado informal, rondaría el 70 %. Esa brecha retrata mejor que cualquier balance estatal el fracaso del sistema: un mercado formal incapaz de reflejar la presión verdadera y un mercado informal convertido en refugio obligado para sobrevivir.

La economía cubana sigue hundida en una crisis grave y sostenida desde hace más de cinco años, con escasez de alimentos, medicinas y combustible, contracción del PIB, dolarización creciente y apagones diarios. El CEEC estimó que el producto interno bruto cayó alrededor de 5 % el año pasado, lo que acumularía una contracción superior al 15 % desde 2020. El propio centro señaló además que la economía cedió terreno por tercer año consecutivo, arrastrada en gran medida por la crisis energética.

El régimen no ha divulgado cifras oficiales completas, pero Miguel Díaz-Canel admitió recientemente que el PIB se redujo 4 % en los tres primeros trimestres del año. El reconocimiento, sin embargo, no cambia la realidad de fondo: la combinación de la pandemia, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses desde la primera Administración de Donald Trump y las fallidas políticas económicas y monetarias internas dejó a Cuba atrapada en una espiral de deterioro que alimenta el descontento social y empuja a más cubanos al exilio.

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