Las autoridades de Minas de Matahambre, en Pinar del Río, comenzaron a repartir 1,949 módulos de alimentos donados por México y por el Programa Mundial de Alimentos, una entrega que volvió a dejar al descubierto cuánto depende Cuba de la ayuda externa para aliviar la escasez que golpea a las familias más pobres.
La distribución, anunciada por el perfil oficial Radio Minas Digital, se hace en distintos puntos de venta del municipio y se basa en una clasificación elaborada por la Dirección Municipal de Trabajo y Seguridad Social para identificar a personas y núcleos considerados vulnerables. De los módulos previstos, 1,245 corresponden al Programa Mundial de Alimentos e incluyen 4 kilogramos de arroz por beneficiario. Los otros 704, donados por México, traen 1 kilogramo de arroz, 1 kilogramo de frijoles y una botella de aceite.
La ayuda alcanza a mujeres embarazadas censadas en noviembre y diciembre de 2025, así como a las registradas en lo que va de 2026, que reciben arroz procedente del PMA. En el caso de los niños con bajo peso, el módulo consiste en 1 kilogramo de frijoles de la donación mexicana. Para los núcleos familiares y personas vulnerables, la entrega incluye arroz, frijoles y aceite, según la disponibilidad. Los alimentos se reparten en consejos populares como Santa Lucía, La Sabana, Minas, Pons, Cabeza, Sumidero y San Carlos, entre otros.
La publicación desató una cadena de críticas en redes sociales. Muchos usuarios cuestionaron tanto la cantidad entregada como los criterios para decidir quién entra en la categoría de vulnerable, en un país donde la necesidad dejó de ser un problema de sectores aislados. “Familias vulnerables, pero si vulnerables somos todos en este país”, escribió uno de los comentaristas. Otro resumió el malestar con una frase que se repitió entre los lectores: “La miseria normalizada”.
También aparecieron reclamos por la dependencia de donaciones extranjeras y por la ausencia de respuestas sostenidas del régimen ante la crisis alimentaria. Varios usuarios apuntaron que la comida llega por “la misericordia de países extranjeros” y no por la capacidad del Estado cubano. Otros denunciaron que personas enfermas, adultos mayores y enfermos de VIH siguen fuera de estos repartos o reciben una atención insuficiente mientras la burocracia decide quién merece una bolsa y quién queda fuera.
El episodio en Minas de Matahambre dice más que una entrega puntual. Muestra un país donde la supervivencia se administra con módulos incompletos, filtros burocráticos y agradecimientos oficiales a gobiernos y organismos extranjeros que terminan cubriendo huecos que el sistema cubano no sabe, no puede o no quiere resolver. Ese es el resultado de años de fracaso económico y de un aparato estatal que convirtió la ayuda humanitaria en rutina y la escasez en norma.
Las reacciones en redes dejaron también otra señal incómoda para el poder: ya no basta con anunciar donaciones ni con exhibirlas como gesto de asistencia social. La gente compara, cuestiona y entiende que el problema es más hondo. Cuando un municipio entero espera arroz, frijoles y aceite como si fueran alivio excepcional, la crisis ya rebasó la propaganda y se instaló en la mesa de cada casa.

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