MIAMI.- Donald Trump aseguró en la Casa Blanca que el régimen cubano terminará cayendo y dijo que los exiliados de Miami podrán regresar a la isla “cuando quieran”, durante un acto que debía celebrar el título del Inter Miami y terminó convertido en una escena política con Cuba en el centro.
La frase salió frente a jugadores del club, incluido Lionel Messi, y en presencia de Jorge Mas, dueño gerente del equipo e hijo de Jorge Mas Canosa, una de las figuras más influyentes del exilio cubano en Estados Unidos. En ese marco, Trump colocó el tema Cuba en un escenario visible, ligado a una comunidad que sigue esperando el colapso del poder que expulsó a miles de cubanos de su país.
El presidente también dijo que el régimen tiene “tantas ganas de llegar a un acuerdo” y mencionó al secretario de Estado Marco Rubio como alguien interesado en trabajar sobre Cuba, aunque con cautela por la guerra en Irán. La combinación de mensajes dejó claro que la isla sigue siendo parte del pulso político en Washington, mientras La Habana carga con una crisis que la mantiene sin respuestas propias y cada vez más dependiente de factores externos.
Trump volvió a insistir después en que “Cuba caerá” y presentó ese desenlace como el cierre de décadas de confrontación entre Estados Unidos y La Habana. En otra declaración reciente, sostuvo que su gobierno había reducido de forma drástica los ingresos del régimen al cortar el flujo de petróleo y recursos provenientes de Venezuela, uno de sus principales soportes.
También habló de una posible “toma amistosa” de Cuba, una expresión que vuelve a poner sobre la mesa la idea de una transición política en la isla y el peso que Washington podría tener en ese cambio. Para el castrismo, esas frases tienen una lectura incómoda: exhiben su fragilidad, su dependencia de aliados foráneos y la distancia entre la propaganda oficial y la realidad de un sistema que sobrevive aferrado al control político.
En Miami, la promesa de un regreso toca una herida abierta para miles de exiliados. La posibilidad de volver a la isla, siquiera como idea, condensa una espera larga marcada por la represión, el destierro y la certeza de que la permanencia del régimen ha significado separación familiar, pobreza y cierre político para varias generaciones de cubanos.

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