Ecuador declaró persona non grata al embajador de Cuba, Basilio Antonio Gutiérrez, y ordenó que él y su personal diplomático abandonen el país en 48 horas. La medida, anunciada por Quito este miércoles, golpea de lleno las relaciones entre ambos gobiernos y deja a la misión cubana fuera del tablero ecuatoriano sin una explicación pública sobre las causas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores ecuatoriano se limitó a decir que actuaba dentro del derecho diplomático internacional. Esa reserva dejó más preguntas que respuestas, aunque la Convención de Viena permite expulsar a un diplomático sin ofrecer motivos. En la práctica, la decisión coloca a La Habana en una posición incómoda y exhibe el desgaste de su presencia política en la región.
Minutos después del anuncio, un hombre fue visto en el techo de la Embajada de Cuba en Quito quemando una bolsa de papeles en un horno. La escena fue presenciada por Associated Press y luego difundida en video por el presidente Daniel Noboa, quien la describió con burla como “una barbacoa de papel”. Las autoridades ecuatorianas no aclararon quién era el hombre ni explicaron el contenido de los documentos.
La reacción del régimen cubano fue la esperada: denunció un “acto hostil y sin precedentes” y acusó al gobierno de Noboa de despreciar las cortesías diplomáticas. Bruno Rodríguez también sugirió que la expulsión no era casual, al enlazarla con la presión de Estados Unidos sobre Cuba y con la reunión de líderes latinoamericanos de derecha que se celebrará en Miami, a la que el propio Noboa planea asistir.
El episodio llega en un momento en que la política regional se mueve con un marcado sesgo ideológico y con una distancia creciente hacia La Habana. Noboa ya había cancelado por orden ejecutiva las funciones diplomáticas del embajador ecuatoriano en Cuba, José María Borja, y Ecuador mantiene además una alianza operativa con Washington en la ofensiva contra el crimen organizado. Esa combinación deja claro que la diplomacia cubana pierde terreno cuando el régimen intenta sostener su relato de influencia y cooperación en América Latina.
Desde 1960, Ecuador y Cuba han mantenido vínculos bilaterales marcados por altibajos según el signo político de cada gobierno. La expulsión de la misión cubana suma otro golpe a esa relación y confirma lo precario que resulta para La Habana depender de afinidades ideológicas en una región donde cada vez pesan más la presión de Estados Unidos, la agenda de seguridad y el costo político de convivir con una dictadura fracasada.

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