EE.UU. abre más espacio a petroleras en Venezuela

Washington volvió a aflojar la presión sobre el negocio petrolero en Venezuela y otorgó nuevas licencias a cinco empresas, entre ellas Repsol, para operar con PDVSA y otras entidades públicas bajo condiciones estrictas de control y reporte. La medida no desmonta las sanciones vigentes, pero sí les abre una vía más amplia a las petroleras extranjeras para mover capital, firmar contratos y aumentar su presencia en un país donde el régimen de Nicolás Maduro sigue sosteniendo el poder sobre el crudo.

El paquete anunciado por el Departamento del Tesoro facilita transacciones relacionadas con hidrocarburos y permite que compañías como Chevron, BP, Eni, Shell y Repsol amplíen sus inversiones y producción. Todo queda atado a jurisdicción estadounidense y a la supervisión de la OFAC, que mantiene bloqueadas a personas y entidades venezolanas señaladas por Washington. La segunda licencia va todavía más lejos en el plano político: autoriza contratos de inversión futura, pero excluye de entrada cualquier vínculo con Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba y China.

En la práctica, la decisión confirma que Washington sigue administrando el cerco y la apertura al mismo tiempo, según sus intereses y su pulso con Caracas. Para el régimen venezolano, el petróleo continúa siendo la palanca que define su margen de maniobra. Para las empresas extranjeras, el mensaje es claro: aún dentro de las sanciones, hay espacio para volver a colocar dinero si aceptan el marco de control impuesto desde Estados Unidos.

La inclusión de Repsol en ese grupo vuelve a poner sobre la mesa el papel de grandes corporaciones europeas en un país arruinado por el autoritarismo y la depredación estatal. El consejero delegado de la firma española ya había anticipado en enero que la compañía estaba lista para invertir con fuerza en Venezuela y elevar su producción hasta unos 135.000 barriles diarios. Esa expectativa, ahora respaldada por permisos más flexibles, muestra hasta qué punto el petróleo venezolano sigue atrayendo capital incluso en medio de la tutela política y financiera de Washington.

El movimiento también deja una señal incómoda para La Habana. La propia licencia prohíbe cualquier transacción que involucre a Cuba, junto a Rusia, Irán, Corea del Norte y China, una lista que retrata con claridad el cerco que Estados Unidos sigue levantando alrededor de los aliados y redes de influencia del bloque autoritario. Venezuela vuelve a quedar en el centro de ese tablero, con un régimen sostenido por la fuerza, el control político y la renta petrolera que ahora intenta reanimar su industria a costa de nuevas concesiones externas.

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