Estados Unidos derribó el martes un dron iraní que se acercó al portaaviones USS Abraham Lincoln mientras navegaba por el Mar Arábigo. El aparato, identificado por el Comando Central como un Shahed-139, fue interceptado por un caza F-35C desplegado a bordo del buque.
La Casa Blanca explicó que CENTCOM tomó la decisión de abatir el dron porque maniobraba de forma agresiva contra el portaaviones. El hecho ocurrió en aguas internacionales, a unos 800 kilómetros de la costa sur de Irán, en una zona donde la tensión entre Washington y Teherán vuelve a subir de tono con rapidez.
El episodio encaja en la escalada militar que el régimen de Irán ha provocado con sus amenazas y movimientos en la región, mientras Estados Unidos mantiene presencia naval de alto perfil para contener cualquier provocación. El despliegue del Abraham Lincoln en Medio Oriente ya había sido confirmado a finales de enero por el propio CENTCOM, dentro de un escenario de creciente fricción con Teherán.
Este lunes, Donald Trump advirtió que podrían venir “cosas malas” si fracasan las conversaciones con la República Islámica. Desde la Casa Blanca, Carolyn Leavitt insistió en que el presidente sigue apostando por la diplomacia, aunque dejó claro que cualquier negociación exige voluntad real de la otra parte. En la práctica, el mensaje fue el mismo de siempre: el régimen iraní negocia mientras empuja el conflicto.
El incidente vuelve a colocar sobre la mesa la fragilidad del equilibrio en esa zona del mundo y la presión que ejercen las provocaciones iraníes sobre la seguridad regional. También deja claro que, cuando Teherán cruza la línea, Washington responde con fuerza militar inmediata.

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