EE.UU. descarta invasión y endurece la presión sobre Cuba

El jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el general Francis Donovan, descartó en el Senado que el Pentágono esté ensayando una invasión o preparando una toma militar de Cuba. La línea que expuso fue otra: proteger la embajada estadounidense, resguardar la base de Guantánamo y responder ante una eventual salida masiva de cubanos de la isla.

Con esa aclaración, Washington le cierra la puerta a las especulaciones sobre una acción militar directa y deja al descubierto el punto más sensible de la crisis cubana: un país cuya fragilidad económica y política ya obliga a pensar en escenarios de desbordamiento migratorio. Donovan sostuvo que no hay simulacros ni ejercicios orientados a ocupar la isla y que tampoco conoce preparativos de otras ramas del mando militar estadounidense para ese fin.

La audiencia en el Senado se desarrolló en medio del uso creciente de las fuerzas armadas estadounidenses en América Latina. En ese marco, la administración de Donald Trump ha endurecido su postura con ataques contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico y con alianzas antinarcóticos con gobiernos favorables a Washington. Ese giro regional también ayuda a entender la presión que sigue recibiendo La Habana, aunque el mensaje oficial se mantenga en la defensa y el control migratorio.

Para Cuba, el telón de fondo es un derrumbe económico que ya se siente en cada apagón y en cada cola. La isla atraviesa un racionamiento energético severo, gran parte de su economía está paralizada y un colapso de la red eléctrica dejó sin servicio a unos 10 millones de habitantes. Ese cuadro habla de un régimen incapaz de sostener ni siquiera lo elemental, atrapado en el agotamiento de su propio modelo de control y miseria administrada.

Trump volvió a dejar abierta la puerta a medidas sobre Cuba al decir que espera abordar el tema “de alguna forma” y que puede hacer lo que quiera respecto a la isla, ubicada a unos 180 kilómetros de Florida. La presión de Washington no pasa hoy por una invasión, pero sí por el cerco político y económico sobre una dictadura que sobrevive entre la crisis interna, el aislamiento y el miedo a una migración que ya no puede contener con propaganda ni consignas.

En la misma audiencia, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, habló de un “cambio de régimen a cámara lenta en Cuba” si la salida de Nicolás Maduro de Venezuela termina debilitando más a La Habana. La frase retrata la dependencia del poder cubano de sus apoyos externos y expone, otra vez, la vulnerabilidad de un sistema que intenta mostrarse sólido mientras el país se queda a oscuras y la vida cotidiana se hunde.

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