Embajada de EE.UU. reduce atención en Cuba por la crisis energética

La Embajada de Estados Unidos en La Habana recortó su atención presencial y dejó abiertos solo los martes, miércoles y jueves, mientras reserva los lunes y viernes para emergencias de ciudadanos estadounidenses. La decisión, tomada por la falta de combustible y el deterioro de los servicios básicos en Cuba, vuelve a exhibir hasta qué punto la crisis del país ya golpea también el funcionamiento diplomático en la capital.

La sede consular informó que todos los servicios de visa, incluidas entrevistas, revisión de documentos y recogida de pasaportes previstos para lunes y viernes, serán reprogramados. También pidió a los solicitantes afectados que no llamen a la Embajada, porque el personal se comunicará directamente con cada uno para fijar nuevas fechas.

El anuncio fue difundido en la cuenta oficial de la Embajada en X y justificado como una medida para conservar combustible y optimizar el uso de energía. En una isla sometida a apagones prolongados y a una escasez crónica de recursos, hasta la agenda de una representación extranjera termina subordinada al colapso que el régimen ha dejado crecer durante años.

Otras sedes diplomáticas también reaccionaron. La Embajada de España dijo que sigue de cerca, junto con su Consulado General, la evolución de la situación energética y prometió mantener informados a los ciudadanos españoles. México llamó a su comunidad a mantenerse atenta únicamente a los canales oficiales. Suecia fue más lejos y desaconsejó los viajes no esenciales a Cuba por la grave situación en el país.

El mensaje que sale de esas alertas es claro: Cuba ya no ofrece ni siquiera estabilidad mínima para visitantes, trámites o misiones consulares. La crisis de combustible, los cortes eléctricos y el deterioro general de los servicios básicos han convertido la vida cotidiana en un campo de improvisación permanente, mientras el régimen insiste en administrar la emergencia con propaganda y silencios.

Por ahora, las embajadas de España, México y Suecia mantienen sus horarios habituales en La Habana y no han modificado sus servicios. Pero la sola necesidad de emitir advertencias y ajustar operaciones confirma el nivel de desgaste de un país donde la escasez dejó de ser un problema doméstico para convertirse en una señal de alerta internacional.

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