Cuba salió este lunes en Panamá a buscar su primera victoria en las eliminatorias al Mundial FIBA 2027, otra vez lejos de la Ciudad Deportiva habanera y con la crisis energética de la isla metida de lleno en la ruta del equipo. El traslado de los partidos fuera de La Habana dejó a la selección sin localía real en una fase en la que cada detalle pesa.
El rival fue Uruguay, un quinteto que llegó invicto al cruce, con tres triunfos seguidos y el impulso de haber vencido a Argentina por 44-61 como visitante. La selección cubana, dirigida por Osmel Planas, aterrizó en el duelo con balance de 0-3 y después de caer 81-84 ante Panamá, un tropiezo que la dejó todavía más apretada en la pelea por avanzar.
El panorama para Cuba venía cargado desde la primera ventana del grupo D. Allí encajó dos derrotas ante Argentina y luego sumó la del viernes frente a los panameños. El golpe más duro llegó en Buenos Aires, donde perdió 105-49, una paliza que expuso la fragilidad de una plantilla golpeada por ausencias y limitada para sostener el ritmo de una eliminatoria de este nivel.
Planas llevó a Panamá un equipo joven, con promedio de edad de 23 años, respaldado por jugadores como Pedro Bombino, Marcos Chacón, Reynaldo García y Marlon Díaz. La nómina refleja un baloncesto cubano que sigue dependiendo de parches, juventud forzada y nombres experimentados para intentar sostenerse frente a selecciones más ordenadas y mejor armadas.
Uruguay, conducido por Gerardo Jauri, se presentó con una lista que incluye a Nicola Pomoli, Joaquín Rodríguez, Martín Rojas, Bruno Fitipaldo, Gonzalo Iglesias, Mateo Bianchi, Joaquín Taboada, Lucas Capalbo, Santiago Vescovi y Nicolás Martínez. El contraste entre ambos planteles también se vio en la tabla: mientras los uruguayos llegaron con el camino casi despejado hacia la próxima fase, Cuba tuvo que salir a pelear desde atrás.
El dato político está fuera de la cancha. Los partidos que debieron disputarse en el Coliseo de la Ciudad Deportiva habanera fueron movidos a Panamá por la crisis energética que atraviesa la isla. El régimen sigue usando el deporte como vitrina, pero ni siquiera puede garantizar en casa el escenario mínimo para una eliminatoria mundialista.
La última ventana del grupo D será en la primera semana de julio, cuando Cuba visite primero a Panamá y luego a Uruguay. Para entonces, la selección volverá a cargar con una desventaja que ya no es solo deportiva: juega sin hogar, con una infraestructura rota y bajo un modelo que ni en el deporte consigue sostener condiciones básicas.

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