Estudiantes de la Universidad de La Habana realizaron una sentada pacífica en la escalinata de esa institución para reclamar por las dificultades que enfrentan para acceder a internet, una protesta poco común en un espacio que el régimen intenta mantener bajo control político estricto.
La manifestación, convocada por jóvenes universitarios, salió a la luz a partir del testimonio de uno de los estudiantes consultados, que explicó que el malestar tenía como centro la conexión a la red. En una isla donde estudiar, informarse y organizarse depende cada vez más de un servicio limitado y caro, la queja de esos muchachos dice mucho más que un reclamo técnico: retrata la asfixia diaria que impone el abandono estatal.
La escena en la escalinata cobra peso porque ocurre en el corazón de una universidad que históricamente ha sido termómetro político del país. Cuando estudiantes se plantan allí para protestar por internet, el mensaje es claro: el régimen ha convertido hasta el acceso a una herramienta básica en una carga que golpea de frente la vida académica y la libertad de conexión de los jóvenes.
El hecho también deja al descubierto la distancia entre la propaganda oficial y la realidad de los campus cubanos. Mientras el discurso del poder insiste en modernización y supuestos avances, la protesta estudiantil evidencia carencias concretas que afectan el estudio, la información y la comunicación de una generación entera.
Que la inconformidad haya llegado a la escalinata de la Universidad de La Habana habla de un malestar que ya no se queda en silencio. En Cuba, hasta una sentada pacífica para reclamar internet termina siendo una señal política incómoda para un sistema que teme cualquier expresión autónoma, incluso cuando nace de necesidades elementales.

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