El euro marca récord y la MLC vuelve a subir en Cuba

El mercado informal de divisas arrancó este lunes con otra mala noticia para los cubanos: el euro subió por segundo día consecutivo hasta 570 CUP y la MLC volvió a colocarse en 410 CUP, mientras el dólar se quedó en 505 CUP tras cruzar la barrera de los 500 pesos.

La jornada confirma la misma realidad que golpea a las familias en la calle: el peso cubano pierde terreno frente a las monedas que marcan la vida económica cotidiana. Cada salto en estas tasas empuja los precios hacia arriba, agranda la distancia entre el salario estatal y lo que realmente cuesta vivir, y deja a más hogares atrapados en una economía donde el dinero pierde valor a ojos vista.

El euro llegó a una nueva cifra récord de venta en la isla al sumar cinco pesos en apenas un día. La MLC, después de haber bajado el domingo, retomó la subida y volvió a instalarse en un rango de inestabilidad que en las últimas semanas la ha movido entre 400 y 420 CUP. El dólar, por su parte, se mantuvo inmóvil, pero en un nivel que ya cambió la referencia psicológica del mercado y dejó clara la velocidad del derrumbe del peso.

Las tasas que publica elTOQUE se han convertido en el termómetro más cercano a la economía real. El tipo oficial sigue muy por debajo de los valores que rigen en la calle, con 24 CUP por dólar para personas jurídicas y 120 CUP en el mercado cambiario estatal. Esa brecha expone la incapacidad del régimen para sostener una cotización creíble y para abastecer de divisas al sistema bancario, que sigue lejos de cubrir la demanda real.

Detrás de esa distancia está la escasez de dólares y euros en los bancos, la dolarización parcial de la economía, la inflación sostenida y unos salarios estatales que hace tiempo dejaron de alcanzar. La gente busca divisas para emigrar, importar bienes, proteger ahorros o comprar en el sector privado, porque el Estado ya no garantiza lo básico y empuja a la población a sobrevivir en un mercado cada vez más duro.

La MLC añade otro golpe a esa fragilidad. Es la moneda con la que se mueve buena parte del comercio interno, y su volatilidad desordena compras, planes y presupuestos domésticos. Cuando sube o baja con esa brusquedad, el efecto en la vida diaria es directo: más incertidumbre, más encarecimiento y menos margen para resolver lo elemental.

Mientras el régimen insiste en fórmulas oficiales y en un tipo de cambio “flotante” que no se acerca a la realidad, el mercado informal sigue imponiendo la referencia verdadera. Ahí se mide el fracaso de una economía controlada, sin respaldo productivo ni confianza, donde el peso se hunde y la factura la paga siempre la gente.

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