Holguín quedó metida en una rutina de miedo por robos, asaltos y apagones que han empujado a muchas familias a encerrarse temprano en sus casas. En varios repartos de la ciudad, vecinos describen ataques con arma blanca, robos de motorinas, bicicletas y celulares, y una calle cada vez más hostil para quien sale con algo de valor encima.
“Después de las 6:00 de la tarde, no salgo de mi casa”, dijo Yamila Velázquez, del reparto Lenin. La frase resume el clima que viven muchos holguineros: el teléfono se guarda, la moto se esconde y hasta una cadena o una sortija pueden convertirse en motivo suficiente para un asalto. La delincuencia ya no espera la noche; se mueve a plena luz del día y obliga a la gente a cambiar su manera de vivir.
La advertencia de la Embajada de Estados Unidos en Cuba sobre el aumento de robos y hechos violentos confirmó que el problema ya desbordó el malestar de barrio. La sede diplomática alertó sobre robos con armas blancas, allanamientos de morada y agresiones menores a vehículos, además de señalar que los apagones constantes favorecen la actividad delictiva. Ese aviso dejó al descubierto una realidad que el régimen no logra contener ni explicar: la inseguridad avanza mientras el Estado pierde el control de las calles.
En Holguín, la propia gente habla de jóvenes entre 16 y 25 años metidos en robos y asaltos con una impunidad que golpea la vida diaria. Vecinos de distintos repartos cuentan de grupos que se reúnen en zonas periféricas para robar en el barrio entero, de cuchillos en el cuello para quitar una motorina y de ataques a cualquier hora. La frontera entre el día y la noche se borró porque la violencia ya no se esconde.
Las cifras que se han conocido en la provincia confirman ese deterioro. La prensa oficial reconoció 1.672 delitos en septiembre de 2025 y un aumento de robos con fuerza, homicidios y delitos contra el ganado mayor. Antes, el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana había reportado 1.319 delitos verificados entre enero y junio de 2025 en todo el país. La tendencia apunta a una criminalidad extendida, alimentada por la ruina económica y la incapacidad estatal de poner orden.
En una “Plenaria Provincial del Delito” celebrada en Holguín también quedó expuesto el fracaso del sistema judicial y policial para frenar la ola delictiva. Vecinos denuncian condenas cortas y una salida rápida de los ladrones a la calle, mientras lo robado muchas veces no se recupera. Esa puerta giratoria convierte la sanción en un trámite y deja a las familias solas frente al peligro.
La crisis de fondo está en la pobreza extrema, los salarios demolidos, la falta de alimentos y la crisis energética que apaga barrios enteros. El economista Pedro Monreal advirtió que, si se aplicara a Cuba la línea internacional de pobreza extrema del Banco Mundial, la totalidad de los trabajadores estatales del país caería en esa categoría. A eso se suma la oscuridad de los apagones, un terreno perfecto para que el delito crezca y la gente quede más desprotegida.
Holguín retrata con crudeza lo que el régimen ha permitido en el país: calles inseguras, familias encerradas, delincuentes cada vez más audaces y un aparato estatal incapaz de proteger a los ciudadanos. La inseguridad dejó de ser un síntoma aislado. Es una consecuencia directa del fracaso económico, de la crisis energética y del abandono oficial de la vida cotidiana en Cuba.

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