Un grupo de exiliados cubanos pidió en Miami a la Administración Trump que autorice una excepción al decreto presidencial de 1996 que frena al Movimiento Democracia para entrar en aguas cubanas con ayuda humanitaria directa. La solicitud vuelve a abrir el pulso entre el exilio organizado y el régimen, esta vez alrededor de una flotilla que busca llevar alimentos, internet y respaldo visible a la isla.
La presión salió a la luz en una conferencia en Lummus Park, donde Ramón Saúl Sánchez defendió la idea de que la ayuda llegue sin intermediarios y retó a los organizadores del convoy internacional Nuestra América a entregarla en el Malecón, frente al mundo y ante la gente de Cuba. El planteamiento apunta al centro del conflicto: la dictadura cubana sigue determinando quién entra, quién reparte y bajo qué condiciones circula cualquier apoyo que llegue desde afuera.
El Movimiento Democracia recordó que el Decreto Presidencial 6867 nació en marzo de 1996, después del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate y del ataque de guardafronteras del régimen al barco Democracia. Desde entonces, cada presidente lo ha prorrogado, y la extensión más reciente llegó en enero de 2026. Esa secuencia muestra cómo una medida tomada como respuesta a la agresión del régimen quedó convertida en una barrera que ahora el exilio quiere romper para actuar con más libertad.
Salomé García convocó a una manifestación el 21 de marzo en el mismo parque para recoger firmas y pedir la excepción al decreto, mientras Santiago Alpízar sostuvo que, con la proclama de Trump sobre la emergencia nacional respecto a Cuba, sería posible levantar otras trabas para esa flotilla. Detrás de esa gestión hay una exigencia simple: el exilio quiere sortear el cerco del régimen y llevar ayuda directamente a una población golpeada por la escasez, el control estatal y la falta de canales libres de solidaridad.
La disputa deja al descubierto una realidad vieja y persistente. Cada intento de socorro choca con un aparato que vigila, filtra y manipula hasta la asistencia más básica. Por eso el debate no gira solo alrededor de un barco o de una excepción legal; gira alrededor del derecho de los cubanos del exilio a ayudar sin someterse al control de La Habana y del derecho de la gente en la isla a recibir apoyo sin que el régimen lo convierta en propaganda.

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