La avenida Bergenline, en el área de North Hudson, Nueva Jersey, se llenó este domingo de autos con matrículas de varios estados en una caravana del exilio cubano en respaldo a las protestas contra la opresión del régimen en Cuba. La movilización recorrió una de las arterias comerciales más concurridas de West New York y Union City, en un gesto que buscó mantener viva, lejos de la isla, la presión por libertad y democracia.
Desde temprano llegaron participantes de Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut, Pennsylvania y Maryland para sumarse al desfile. La imagen dejó claro que la indignación por lo que ocurre en Cuba sigue movilizando a una parte importante de la diáspora, que no se resigna a mirar desde lejos la represión, la censura y el castigo político que pesan sobre el país.
Entre los participantes, Luis Brizuela dijo que la caravana significaba un respaldo a distancia a lo que está ocurriendo dentro de la isla. También sostuvo que los cubanos se sienten “posiblemente más cerca de lo que hemos estado nunca” de una liberación tras 67 años de opresión, una frase que resume el ánimo de un exilio que ha hecho de la denuncia una forma de resistencia política.
La jornada reunió además a cubanos y venezolanos, en una convergencia que para los manifestantes responde a una misma lucha democrática en el hemisferio. Esa coincidencia no es casual: el exilio cubano sigue viendo en la permanencia del régimen de La Habana una pieza central del autoritarismo regional, y en la solidaridad entre pueblos una forma de sostener la presión sobre sistemas que sobreviven a fuerza de control y represión.
Union City, donde concluyó la caravana, ha sido refugio de cubanos desde la década de 1960. La escena de este domingo volvió a poner a ese enclave del exilio en su papel de altavoz político contra el castrismo, en momentos en que dentro de Cuba la protesta sigue chocando con el aparato represivo y con un poder que no concede espacios reales a la libertad ciudadana.

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