La falta de petróleo venezolano desata colas en Cuba

La escasez de combustible volvió a sacar a la calle una de las imágenes más humillantes de la crisis cubana: filas interminables de autos frente a los servicentros de La Habana. La interrupción del petróleo venezolano ha dejado al régimen sin margen para sostener el abastecimiento y ha empujado a miles de cubanos a improvisar, esperar y gastar lo poco que tienen para no quedarse varados.

En la capital, bajo el sol y cerca del Malecón, los conductores pasan horas detrás de un tanque de gasolina. Jesús Méndez, Yanely y Ramón García describen la misma escena desde ángulos distintos: temor, resignación y urgencia. Las colas ya no responden solo a la falta de combustible en los surtidores; también reflejan el miedo a un desabastecimiento mayor, alimentado por la fragilidad de un sistema que depende de un proveedor externo y de un aparato estatal incapaz de responder por sus propios medios.

El golpe es más duro porque el crudo venezolano cubría en 2025 alrededor del 30% de las necesidades energéticas de la isla. Con ese flujo cortado, el régimen de Miguel Díaz-Canel enfrenta un hueco que no puede tapar. No tiene divisas para importar suficiente combustible de otros mercados y, mientras tanto, traslada el costo a la población. La dolarización parcial de los servicentros ha profundizado la brecha: quienes consiguen dólares acceden a una opción, y quienes cobran en pesos quedan atrapados frente a estaciones cerradas o vacías.

El testimonio de Carlos, jubilado de 76 años, resume esa desigualdad con crudeza. Esperó cuatro horas para llenar el depósito después de conseguir dólares en el mercado negro, porque en moneda nacional ya no había suministro. La aplicación Ticket, presentada por el Estado como mecanismo de orden, terminó convertida en otro símbolo de ineficiencia: turnos que pueden demorar hasta dos meses en La Habana, una burla para un país donde el transporte depende cada vez más de la improvisación y el mercado informal.

La crisis energética amenaza con arrastrar al resto de la economía. Un estudio del economista cubano Miguel Alejandro Hayes calcula que el corte de los envíos desde Venezuela podría provocar una caída del 27% del PIB, un alza del 60% en los precios de los alimentos y un incremento del 75% en los costos del transporte. En Cuba, cada apagón, cada cola y cada viaje frustrado terminan pagando la factura de un modelo quebrado que no produce ni garantiza lo básico.

Jesús Méndez lo dijo desde la incertidumbre diaria de quien vive pendiente del próximo golpe: mientras aumente la presión externa sobre Venezuela, nadie sabe cuánto durará el poco combustible que queda ni de dónde saldrá el siguiente. La respuesta del régimen sigue siendo la misma de siempre: control, espera y escasez para la gente; privilegios y dolarización para unos pocos.

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