Farmacias vacías en Cuba agravan la falta de medicamentos

La youtuber cubana Camila Carballo entró a una farmacia en Cuba y encontró los estantes vacíos, una sola farmacéutica detrás del mostrador y apenas un medicamento disponible “por tarjetón”. La grabación dejó otra prueba del derrumbe cotidiano que sufren los pacientes cuando salen a buscar un tratamiento básico y regresan con las manos vacías.

La escena no deja espacio para adornos: en ese local no había venta libre de medicamentos y no quedaba casi nada que ofrecer. Lo que debía funcionar como el primer punto de acceso a la salud pública aparece reducido a una oficina de espera, con un control estatal que reparte escasez y un sistema incapaz de sostener lo elemental.

Ese vacío empuja a las familias al mercado informal, donde los medicamentos se consiguen a precios altos, sin garantía suficiente y muchas veces con el riesgo de que estén caducados. Para un anciano, un paciente crónico o una madre con niños pequeños, esa realidad golpea directo en la mesa del hogar y en la continuidad de los tratamientos.

La responsabilidad política recae en el régimen, que mantiene el control de cada espacio de la vida diaria mientras deja hundirse el abastecimiento de insumos y medicinas. La farmacia vacía resume una verdad que el castrismo intenta maquillar desde hace años: el sistema no asegura salud, administra carencias y traslada la carga a una población obligada a resolver sola lo que el Estado no cumple.

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