En Placetas, Villa Clara, un cubano convirtió las hojas secas de un almendrón en combustible para cocinar durante los apagones, una imagen que resume hasta dónde ha empujado al país la crisis energética y la falta de gas y carbón.
El invento apareció en un video difundido en Facebook por el usuario DeRoche, donde muestra un pequeño fogón casero armado para sostener un caldero y aprovechar lo que antes era basura del patio. El hombre cuenta que pensó incluso en cortar el árbol, molesto por la caída constante de hojas, pero terminó descubriendo que podían servirle para cocinar cuando la electricidad desaparece.
“Vamos a recogerlas y dejarlas que se sequen. Esto es tremendo combustible, señores”, dice en la grabación mientras enseña la estructura metálica. También reconoce que todavía le faltan ajustes, como una chimenea y un techo, aunque ya lo considera listo para probarlo en la tarde.
La escena tiene más peso que la simpatía del invento. En una Cuba castigada por los apagones y la escasez de combustible, cocinar se ha convertido en otra prueba diaria de supervivencia. Cuando el carbón cuesta “un ojo de la cara”, como él mismo dice en su décima, el cubano de a pie termina buscando salida en lo que tenga a mano: hojas secas, ingenio y paciencia.
El video volvió a circular recientemente en redes sociales y dejó otra postal del derrumbe doméstico que vive la isla. El régimen insiste en discursos de “creatividad”, pero la realidad que retrata esta escena es más dura: familias obligadas a improvisar para poner comida en la mesa mientras el sistema eléctrico sigue hundido y la crisis se come lo básico.
El propio protagonista lo dice con ironía, casi como una sentencia sobre el país: “Hay que ser creativo”. Esa creatividad, en Cuba, ya no habla de comodidad ni de inventiva popular aislada. Habla de una nación donde cocinar depende de sobrevivir al apagón siguiente.

Sé el primero en comentar