Un análisis publicado por FOX Business volvió a colocar a Cuba y Venezuela en el centro del debate sobre el desastre que deja el socialismo en América Latina. El periodista David Asman sostiene que los llamados “experimentos socialistas” han producido un rastro de colapso económico, pobreza y represión política, con dos casos emblemáticos: la isla gobernada por el castrismo y el país petrolero hundido por el chavismo.
Asman sitúa el origen de ese ciclo en 1959, cuando Fidel Castro llegó al poder y nacionalizó todos los sectores productivos, borró la oposición política y aplastó la iniciativa privada. El resultado, recuerda, fue un éxodo masivo de la clase media y empresarial hacia Miami, junto con la instalación de un sistema donde la igualdad quedó reducida a la miseria compartida. El alcalde de Miami, Francis Suárez, resumió esa realidad con una frase brutal: Castro logró “la igualdad de la miseria, la igualdad de la represión y la igualdad de la pobreza”.
La radiografía de Cuba que recoge el artículo es devastadora. La pobreza extrema habría alcanzado el 88% en 2023, mientras la isla sigue atrapada en una de sus peores crisis desde los años 90, con apagones prolongados, escasez de alimentos y medicinas, inflación desbordada y un éxodo migratorio histórico. Más de 500.000 cubanos han salido del país desde 2022, según cifras oficiales de Estados Unidos, empujados por la falta de futuro y por la ausencia total de libertades.
Venezuela aparece como la otra cara del mismo fracaso. El país que llegó a ser una de las economías más prósperas de Sudamérica terminó, bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro, convertido en uno de los más pobres de la región. El modelo impuesto por el chavismo, basado en controles de precios, expropiaciones, corrupción y subsidios insostenibles, arrasó con la industria privada y empujó a millones de venezolanos a la pobreza extrema.
El economista Daniel Di Martino, del Manhattan Institute y migrante venezolano, dijo a FOX Business que las políticas de Chávez y Maduro destruyeron la industria nacional mediante controles, regulaciones y altos impuestos, hasta convertir un país llamado a ser rico en uno de los más pobres. La hiperinflación, que tocó un pico de 63.000% en 2018, sigue golpeando con fuerza pese a haber bajado. A eso se suma la caída de la producción petrolera, la corrupción institucional y la represión política, que han dejado a más de 7 millones de venezolanos desplazados, según Naciones Unidas.
Asman cierra su argumento con una advertencia que describe la esencia de estos regímenes: prometen justicia social y entregan pobreza generalizada. La supuesta igualdad que venden termina siendo una igualdad impuesta por la fuerza, donde las élites se blindan y la población carga con el hambre, la escasez y el miedo. Sin transparencia económica ni libertad informativa, Cuba y Venezuela siguen ocultando la magnitud real del derrumbe que provocó el socialismo en nombre del pueblo.

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