GAESA concentra más de 18.000 millones de dólares en Cuba

Mientras Cuba se hunde entre apagones, desabastecimiento, hospitales sin recursos y salarios que no alcanzan para vivir, el aparato militar ha seguido blindando su caja fuerte. Los documentos financieros filtrados de GAESA, el conglomerado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, dejan al descubierto una riqueza acumulada lejos del alcance del ciudadano común y protegida por la opacidad del régimen.

La investigación del Miami Herald, apoyada en 22 informes contables internos de 2023 y 2024, muestra que GAESA controla más de 18.000 millones de dólares en activos líquidos. La dimensión de esa cifra importa, pero importa aún más el contexto: en una isla donde el poder culpa al embargo de cada carencia, una estructura militar maneja reservas, ganancias y negocios estratégicos sin control civil real.

Ese dinero está repartido entre empresas como CIMEX, Gaviota, TRD Caribe y Almacenes Universales, todas bajo un mismo andamiaje que domina turismo, comercio minorista, logística, finanzas y remesas. No se trata de un grupo empresarial más dentro de la economía cubana. GAESA funciona como un poder aparte, amparado por la cúpula castrista y cerrado a cualquier supervisión efectiva.

La figura de Raúl Castro sigue siendo clave en esa arquitectura. Bajo su mando, el conglomerado terminó operando como un banco central paralelo, capaz de acumular divisas y sostener privilegios sin rendir cuentas. El economista Pavel Vidal, que revisó los documentos para el Herald, describió precisamente ese esquema: un aparato sin supervisión institucional que maneja el oxígeno financiero del régimen mientras el resto del país se asfixia.

Las cifras internas también desmontan el relato oficial de escasez inevitable. En el primer trimestre de 2024, GAESA reportó beneficios netos por más de 2.100 millones de dólares. Gaviota guardaba depósitos por 8.500 millones y otras ramas del conglomerado sumaban otros 5.000 millones. Todo eso ocurría al mismo tiempo que el turismo seguía en caída, los hoteles nuevos permanecían vacíos y el salario promedio apenas rozaba los 16 dólares mensuales.

La contradicción es brutal y no admite maquillaje. El régimen pide sacrificios a la población mientras concentra arriba el dinero que podría aliviar la crisis. Pensiones de 5 dólares y salarios de miseria conviven con una estructura militar que prefiere seguir apostando por hoteles, reservas en divisas y expansión empresarial antes que por comida, medicinas o electricidad.

Los papeles filtrados también revelan que el Estado alimenta a esa maquinaria. En agosto de 2024, GAESA recibió 9.260 millones de pesos cubanos del presupuesto estatal y solo pagó 920 millones en impuestos en moneda nacional. En dólares, su contribución fiscal fue cero. La supuesta empresa eficiente depende, en realidad, de fondos públicos y de una opacidad que le permite operar como corporación privada sin someterse a la transparencia que exige cualquier país serio.

Otro dato grave es la forma en que administra su liquidez. En marzo de 2024, el conglomerado mantenía 14.467 millones de dólares depositados en bancos, el 76% de su dinero líquido. Esa política le permite protegerse de la inflación y de la recesión que golpea al resto de las empresas estatales, pero también confirma un modelo de acaparamiento: guardar dólares arriba y trasladar el costo de la crisis hacia la población.

La contabilidad filtrada muestra además prácticas que deforman balances y esconden el tamaño real del poder económico de GAESA. Los documentos mezclan pesos y dólares como si valieran lo mismo y reportan patrimonios muy por debajo de lo que arroja la diferencia entre activos y pasivos. Esa manipulación no es un detalle técnico; es parte del mecanismo con que el régimen protege su columna financiera más importante.

Frente a eso, la prioridad política queda al desnudo. El dinero sigue yendo a la caja militar y a la expansión hotelera, mientras continúan sin solución la crisis de los medicamentos y el colapso eléctrico. Incluso con cifras oficiales que reconocen que bastarían 43 millones de dólares al año para cubrir 63 medicamentos esenciales y 250 millones para estabilizar la red eléctrica, el aparato castrista mantiene intacta la estructura que enriquece a la élite militar.

Las sanciones de Estados Unidos contra filiales vinculadas a GAESA han puesto presión sobre esa red, pero el problema de fondo está dentro de Cuba. La evidencia más dura no viene de Washington, sino de los propios papeles del aparato militar. Ahí queda claro que la crisis cubana no se explica solo por factores externos: la sostiene una élite que controla el dinero, lo protege y lo separa deliberadamente del pueblo.

En cualquier escenario de cambio, ese tesoro opaco será uno de los mayores obstáculos. Como advirtió Mauricio de Miranda Parrondo, esos recursos pertenecen al pueblo cubano y deben quedar bajo su control. Mientras eso no ocurra, GAESA seguirá siendo el banco secreto de un poder que convirtió la pobreza nacional en un negocio propio.

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