El congresista cubanoamericano Carlos Giménez acusó al gobierno de Jamaica de encubrir a la dictadura cubana después de que el primer ministro Andrew Holness defendiera la relación de su país con La Habana y hablara de la situación dentro de la isla. La respuesta del legislador abrió un nuevo choque político alrededor de Cuba y volvió a poner sobre la mesa la fragilidad del régimen y sus aliados en el Caribe.
Holness presentó a Cuba como un vecino con lazos históricos y regionales, y resaltó el trabajo de médicos y maestros cubanos en distintos países, incluida Jamaica. En el mismo mensaje admitió que muchos cubanos sufren apagones, dificultades económicas y una presión humanitaria creciente, además de advertir que una crisis prolongada en la isla puede golpear la migración, la seguridad y la estabilidad económica del Caribe.
Giménez reaccionó con dureza. En su cuenta oficial, condenó lo que describió como un encubrimiento del Partido Laborista de Jamaica y aseguró que el régimen de Castro intervino varias veces en la política jamaiquina para avivar tensiones partidistas y socavar al JLP. También advirtió que Jamaica enfrentará consecuencias si suaviza la presión internacional sobre La Habana.
La disputa importa porque revela el terreno que sigue buscando el castrismo fuera de Cuba: legitimidad diplomática, cobertura política y silencio útil de gobiernos amigos o complacientes. Mientras en la isla la crisis castiga a la gente con apagones, escasez y desgaste social, el régimen necesita que otros lo presenten como un actor regional respetable y no como lo que es: una estructura de poder que ha hundido al país y exporta su control en nombre de la cooperación.
Holness dijo además que Jamaica respalda la democracia, los derechos humanos, la rendición de cuentas y las economías abiertas de mercado, y llamó a un diálogo constructivo entre Cuba y Estados Unidos para reducir tensiones y empujar reformas. También aseguró que su país seguirá en solidaridad con el pueblo cubano y apoyará pasos prácticos hacia la estabilidad y la prosperidad compartida.
La réplica de Giménez se inscribe en una línea de denuncia que ve con claridad el costo de cualquier gesto que alivie el cerco político al régimen. En su lectura, cada respaldo diplomático que maquille a La Habana termina fortaleciendo a la cúpula encabezada por Miguel Díaz-Canel y controlada por el aparato militar ligado a Raúl Castro. El mensaje de fondo es directo: mientras el régimen siga recibiendo oxígeno externo, la presión sobre los cubanos de a pie seguirá recayendo sobre la misma gente que lleva años pagando la factura del fracaso.
Las declaraciones ocurrieron al mismo tiempo que los líderes de CARICOM volvían a cerrar filas alrededor de Cuba y pedían una “acción colectiva” frente al endurecimiento de la presión de Estados Unidos. Ese respaldo regional le sigue dando al castrismo una salida política que no resuelve nada dentro de la isla, pero sí le permite ganar tiempo, discurso y espacio para seguir negando la responsabilidad que tiene sobre la crisis nacional.

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