Any Rodríguez Lastres hizo carrera en la Terminal de Contenedores del Mariel y hoy vive en Panamá, donde se mueve en el sector portuario y logístico, en una trayectoria que vuelve a exponer la red de privilegios que rodea a la cúpula militar cubana. La hija de la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, jefa del conglomerado empresarial-militar GAESA, pasó de trabajar en uno de los proyectos más sensibles de la economía cubana a integrarse a compañías internacionales fuera de la Isla.
Su paso por el Mariel no fue marginal. Desde 2014 se desempeñó en áreas comerciales, de estrategia y de investigación de mercados, además de participar en presupuestos, captación de cargas y análisis para la toma de decisiones dentro de la terminal. Ese ascenso profesional, sumado a su posterior instalación en Panamá, apunta al tipo de ruta que solo queda disponible para los cercanos al poder: formación, contactos, movilidad y oportunidades que el cubano común no ve ni de lejos.
El dato más revelador está en el apellido y en el cargo de su madre. Lastres Morera tomó protagonismo dentro de GAESA tras la muerte de Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, y desde esa posición forma parte del entramado que controla sectores clave de la economía cubana, entre ellos el turismo y el comercio en divisas. Mientras el régimen exige sacrificios a la población y repite su discurso de “resistencia creativa”, la familia del poder circula entre apartamentos, viajes y una vida de absoluta comodidad fuera del alcance del país real.
Fuentes citadas por Martí Noticias también vinculan a Lastres Morera con una empresa propietaria de varios apartamentos en Panamá, donde hoy se desempeña su hija. Esa combinación de poder económico, secretos patrimoniales y beneficios familiares retrata mejor que cualquier consigna la naturaleza del sistema: una élite hereditaria que administra los recursos de Cuba como patrimonio propio y después reparte ascensos, movilidad y blindaje entre los suyos.
El caso de Any Rodríguez Lastres se suma a otras denuncias sobre parientes de altos mandos colocados en posiciones estratégicas o disfrutando de vidas de lujo mientras la mayoría del país lidia con salarios pulverizados, escasez y encierro político. En Cuba, la retórica igualitaria del castrismo convive con una casta protegida por la opacidad, el control militar y la ausencia total de transparencia institucional. Ese es el verdadero rostro de GAESA y del régimen que lo sostiene.

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