Hospital de Sagua de Tánamo quedó a oscuras durante una cirugía urgente

El hospital Juan Paz Camejo, en Sagua de Tánamo, Holguín, quedó sin electricidad justo cuando debía atender una cirugía urgente a una paciente con embarazo ectópico roto. La respuesta llegó desde el despacho provincial de la Empresa Eléctrica, que restableció el servicio de noche para poder operar, una escena que retrata hasta qué punto la vida en Cuba depende de decisiones improvisadas y no de garantías mínimas.

La denuncia, difundida en redes sociales por Bloguero Tanameño, expuso un punto que el régimen sigue intentando maquillar: un hospital no puede esperar a que aparezca corriente, ni una emergencia médica puede depender de que una ambulancia tenga combustible o de que alguien mueva una orden desde otro municipio. En ese tipo de caso, cada minuto cuenta, y la demora puede costar una vida.

La publicación local pidió que el centro cuente con una reserva de combustible para su generador, de modo que no vuelva a quedar a merced de apagones ni de decisiones externas. También señaló que, en la práctica, resulta más caro y más inseguro esperar a que se restablezca el servicio general que asegurar respaldo propio para una urgencia que no admite pausa.

El caso provocó una oleada de críticas en redes sociales. Varios usuarios cuestionaron que instalaciones del aparato estatal mantengan electricidad mientras un hospital queda a oscuras y sin capacidad para responder. Las reacciones resumieron el malestar cotidiano de un país donde el sistema eléctrico castiga primero a los servicios más sensibles y deja a los pacientes en manos de la suerte.

La denuncia también vuelve a mostrar el costo humano de la crisis energética y de la escasez de combustible en Cuba. En municipios alejados de las cabeceras provinciales, el derrumbe del suministro eléctrico golpea de frente a la atención médica, y el régimen carga con la responsabilidad de sostener hospitales que deberían funcionar por encima de apagones, escasez y desorden administrativo.

En Sagua de Tánamo, el problema no quedó reducido a una molestia vecinal. Se trató de una urgencia quirúrgica en un hospital público, con una vida en riesgo y con un sistema que volvió a exhibir su fragilidad. Cuando la corriente llega tarde y el combustible falta, el discurso oficial pierde valor frente a la evidencia más dura: en Cuba, hasta un hospital puede quedar a oscuras en medio de una emergencia.

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