La Habana sufrió inundaciones mientras seguían los apagones masivos

Cuba amaneció atrapada entre dos golpes a la vez: el castigo de un frente frío con marejadas en el occidente y una crisis eléctrica que volvió a dejar sin servicio a más de la mitad del país en las horas de mayor demanda. La escena resume la precariedad que el régimen ha normalizado sobre la vida de los cubanos.

En La Habana, las penetraciones del mar rebasaron el muro del Malecón y anegaron calles de El Vedado, con agua entrando en cisternas y sótanos de edificios residenciales. El octavo frente frío de la temporada llegó al occidente durante la tarde del sábado, con rachas de viento de hasta 82 kilómetros por hora, según el Instituto de Meteorología.

La Cruz Roja y la Defensa Civil evacuaron a personas vulnerables en zonas cercanas al litoral capitalino. Las olas alcanzaron entre tres y cuatro metros de altura y siguieron empujando el agua tierra adentro en sectores castigados de forma recurrente por ese tipo de eventos. El Insmet advirtió que las marejadas continuarían durante el domingo en el litoral norte, aunque las inundaciones ligeras debían ceder al final de la tarde.

Mientras la capital lidiaba con el avance del mar, la Unión Eléctrica anunció apagones para el 59,3% del territorio durante el horario pico. La cifra confirma el derrumbe sostenido del Sistema Eléctrico Nacional, hundido por años de abandono, obsolescencia y falta de combustible.

Las termoeléctricas cargan con una obsolescencia crítica tras décadas sin inversiones serias de mantenimiento. A eso se suma el déficit crónico de combustible, alimentado por la incapacidad del régimen para importar petróleo en las cantidades que necesita, atrapado en la escasez de divisas.

Durante febrero, la isla ha vivido apagones diarios con afectaciones entre 1.362 y 1.779 megavatios. No hubo una sola jornada con menos del 41% del país sin electricidad en las horas pico, de acuerdo con datos de la Unión Eléctrica analizados por medios independientes. Camagüey, Holguín y Matanzas han sufrido cortes de más de 20 horas diarias.

El golpe es directo sobre la vida cotidiana: alimentos que se pierden por falta de refrigeración, hospitales obligados a depender de generadores insuficientes, agua potable comprometida y panadería paralizada. La Habana, que durante años tuvo un trato relativamente menos severo, comenzó a recibir en febrero cortes programados de hasta seis horas diarias, además de apagones nocturnos no planificados.

El país arrastra además seis colapsos totales del Sistema Eléctrico Nacional en 2025, con cerca de 10 millones de personas a oscuras por horas y, en algunos casos, por días completos. El más reciente ocurrió a mediados de febrero, cuando diez unidades termoeléctricas estaban fuera de servicio al mismo tiempo.

Los cálculos independientes apuntan a que Cuba necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar su sistema eléctrico, una suma fuera del alcance del régimen. La dependencia del petróleo venezolano se ha reducido de forma drástica y ha sido compensada en parte por envíos mexicanos de cerca de 200.000 barriles diarios de combustible subsidiado, sin que eso haya frenado el deterioro.

El experto cubano Jorge Piñón advirtió a EFE que la isla podría enfrentar una crisis grave en seis u ocho semanas si no recibe más petróleo o combustibles. También señaló que el punto de quiebre del país resulta muy difícil de medir. A ese panorama se suma el anuncio de Estados Unidos de que impondrá sanciones a quien venda o suministre petróleo a Cuba, directa o indirectamente.

La coincidencia entre el temporal y el colapso eléctrico deja al desnudo una verdad dura: el régimen ha llevado al país a una vulnerabilidad extrema, incapaz de responder a una lluvia fuerte, a una bajada de temperaturas o a una falla más de su sistema energético. En Cuba, cualquier choque se convierte en amenaza nacional porque el Estado lleva años sin sostener nada de forma real.

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