El canciller ruso Serguéi Lavrov volvió a poner a Cuba en el tablero de su choque con Estados Unidos al afirmar en Moscú que Washington “no se detendrá” ni en Irán ni en la isla en su intento de administrar otros países. La declaración salió en una rueda de prensa y convirtió otra vez a Cuba en argumento útil para una disputa que no resuelve ningún problema de los cubanos.
Lavrov dijo que, así como Marco Rubio planteó la posibilidad de que EE.UU. administre Irán, ahora se estaría probando un plan similar para Cuba. El funcionario ruso añadió que ese camino no terminaría ahí. Con esa frase, Moscú reutiliza a la isla como pieza de propaganda en una pelea mayor con Washington, mientras La Habana sigue sin dar respuestas a la escasez, el control político y el deterioro cotidiano dentro del país.
La intervención también sirvió para repetir la línea habitual del Kremlin contra Estados Unidos y para reforzar su discurso sobre el derecho internacional, justo cuando Rusia carga con acusaciones similares por su guerra en Ucrania. Lavrov vinculó el conflicto con Irán con el supuesto desprecio de Washington por la ONU, criticó a Francia y al Reino Unido por distanciarse de la operación militar y aseguró que no ha visto pruebas del desarrollo de armas nucleares por parte de Teherán.
En ese mismo discurso, el ministro ruso pidió el cese de los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán, reclamó la liberación de Nicolás Maduro y llamó a levantar el bloqueo naval de Cuba. La secuencia deja claro cómo el régimen cubano sigue siendo usado por aliados externos para sostener narrativas políticas que le convienen a Moscú, pero no alivian la crisis de la isla ni el costo humano que arrastra el castrismo.
La lectura para Cuba es directa: cada vez que el régimen necesita respaldo, vuelve a apoyarse en voceros extranjeros que lo presentan como víctima de Washington, mientras el país permanece atrapado en la misma dependencia política y propaganda de siempre. La soberanía que proclama la dictadura se reduce a consigna cuando la isla aparece una vez más como ficha en una agenda ajena.

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