Donald Trump volvió a colocar a Cuba bajo presión directa al decir en la Casa Blanca que podría hacer “cualquier cosa” con la isla, desde “liberarla” hasta “tomarla”. La frase, lanzada este lunes, llegó mientras Washington mantiene sanciones, restringe los envíos de petróleo y aprieta al régimen de Miguel Díaz-Canel en un momento de extrema fragilidad.
Trump presentó a Cuba como una nación “fracasada”, sin dinero, sin petróleo y sin salida, y aseguró que los dirigentes cubanos están en conversaciones con funcionarios estadounidenses. También volvió sobre la herencia de Fidel Castro y Raúl Castro para asociarla con un poder sostenido por la violencia, una acusación que encaja con la historia represiva del castrismo y con la forma en que ha gobernado durante décadas.
La tensión subió después de que The New York Times informara que negociadores estadounidenses empujan para sacar a Díaz-Canel del poder. A eso se suma que, a comienzos de este mes, Trump le dijo a CNN que Cuba “va a caer pronto” y sugirió enviar a la isla al secretario de Estado Marco Rubio. La línea de Washington quedó marcada con claridad: el régimen volvió a entrar en la mira de la Casa Blanca como una prioridad de presión política.
En enero, Trump firmó además un decreto que declaró emergencia nacional por la conducta del régimen cubano e impuso tarifas a los países que comercien o hagan negocios con la isla. En ese documento, la administración estadounidense acusó a La Habana de amenazar la seguridad, la política exterior y la seguridad nacional de Estados Unidos, además de respaldar a regímenes hostiles, grupos terroristas transnacionales y otros actores adversos.
Para los cubanos, el trasfondo es el de siempre: mientras la cúpula del poder intenta sobrevivir a fuerza de control político y propaganda, el país sigue hundido en la escasez, el apagón económico y la falta de combustible. Trump habló desde la fuerza de la Casa Blanca, pero el derrumbe cubano sigue teniendo un responsable interno claro: un régimen que convirtió la ruina nacional en método de gobierno y dejó a la isla sin margen real de recuperación.

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