Lisboa protesta contra la guerra y arrastra el nombre de Cuba

Más de mil personas marcharon este sábado en Lisboa contra los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, pero la protesta dejó otra señal incómoda: entre los países citados por los manifestantes aparecieron Venezuela y Cuba, convertidos otra vez en piezas de una consigna antiestadounidense que mezcló guerra, política y propaganda en plena calle.

La concentración avanzó hasta la embajada estadounidense, donde un grupo leyó un manifiesto para exigir el fin de las amenazas y agresiones de Washington en Irán y en otros países. La policía impidió que se acercaran al edificio, mientras las banderas de Venezuela, Palestina y Líbano dominaban la marcha junto a gritos contra la ofensiva militar y a favor de una supuesta paz en Oriente Medio.

El detalle cubano no es menor. En esa tarima improvisada, el nombre de la isla apareció al lado de regímenes y conflictos que los organizadores usaron como bandera política, sin una sola referencia al costo humano que el castrismo le ha impuesto a los cubanos durante décadas. La retórica de defensa frente a “la agresión” vuelve a servir de refugio para el silencio sobre la represión, el control interno y el deterioro que el régimen mantiene dentro del país.

Vítor, uno de los participantes, dijo que hacían falta más protestas contra el “imperialismo estadounidense” y cargó contra Donald Trump, al que acusó de buscar la destrucción del mundo por la vía de la fuerza. Lara, por su parte, llevó a la marcha un ataúd atado a la espalda y responsabilizó al Gobierno portugués por su postura, además de insistir en que las guerras dejan civiles muertos y no cambian regímenes.

La protesta se insertó en una ola de movilizaciones similares en varias ciudades europeas este fin de semana, mientras el primer ministro portugués, Luís Montenegro, reiteró que su Gobierno no respalda la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán. Aun así, el uso por las fuerzas estadounidenses de la base de las Lajes, en las Azores, abrió debate en Portugal y añadió tensión a una manifestación que volvió a convertir a Cuba en nombre útil para discursos ajenos a la realidad cubana.

En ese tipo de marchas, la isla suele ser invocada como emblema ideológico, nunca como lo que realmente es: un país asfixiado por un régimen que usa la consigna antiimperialista para justificar su propio fracaso y blindarse frente a cualquier rendición de cuentas.

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