Bruno Rodríguez vuelve a pedir apoyo a Rusia y China

Bruno Rodríguez Parrilla volvió a tocar la puerta de Moscú y Pekín en medio del derrumbe económico cubano. El canciller del régimen informó este jueves que habló por teléfono con Serguéi Lavrov y con Wang Yi, dos gestiones que dejan a la vista la urgencia de La Habana por conseguir respaldo político y ayuda material mientras la isla sigue hundida en apagones, escasez y emigración.

Rodríguez dijo en X que con Lavrov dio continuidad a los temas tratados durante su visita reciente a Rusia. Según su versión, ambos repasaron el impulso de los vínculos bilaterales en varios sectores y calificaron de excelente el estado de las relaciones entre ambos países. El canciller cubano también agradeció el apoyo resuelto de Moscú a la defensa de la soberanía de Cuba y al derecho de la isla a elegir su propio destino.

Después anunció otra conversación, esta vez con Wang Yi, canciller de China y director de la Oficina de la Comisión de Asuntos Exteriores del Comité Central del Partido Comunista Chino. Rodríguez afirmó que hablaron sobre el fortalecimiento de los lazos bilaterales y sobre la intención de elevarlos a niveles superiores, en línea con los consensos mencionados entre Miguel Díaz-Canel y Xi Jinping. También agradeció a Pekín los ofrecimientos de ayuda y sus expresiones de solidaridad.

El dato importante está ahí: el régimen vuelve una y otra vez a sus aliados de siempre porque no logra sostener por sí mismo una economía rota. Mientras la propaganda insiste en soberanía y cooperación, la vida dentro de Cuba sigue marcada por apagones prolongados, falta de alimentos y combustible, y un deterioro general que ha empujado a cientos de miles de cubanos a emigrar en los últimos años. Esa realidad pesa más que cualquier comunicado diplomático.

La secuencia también revela la naturaleza de la política exterior de La Habana. El castrismo busca oxígeno afuera para ganar tiempo adentro, blindarse con respaldo internacional y tapar el costo humano de su fracaso económico. Rusia y China aparecen como salvavidas de un poder que no ofrece soluciones a la población, pero sí repite discursos sobre soberanía mientras el país se vacía y la escasez se normaliza.

Las conversaciones de Bruno Rodríguez no resolvieron nada para el cubano de a pie. Solo confirmaron que el régimen sigue dependiendo de apoyos externos para sostenerse, en medio de una crisis que castiga la mesa, el transporte, la electricidad y la salida forzada de miles de familias.

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