Maisí exhibe calabazas y naves porcinas mientras la mesa sigue vacía

La emisora estatal de Maisí salió a celebrar una calabaza de 22 libras y varias naves supuestamente listas para el programa porcino, pero en redes la respuesta fue inmediata: sarcasmo, enojo y la misma certeza de siempre, que la propaganda del régimen no llena la mesa de nadie. En Guantánamo, donde la escasez golpea con fuerza, el contraste entre el discurso oficial y la vida real quedó otra vez al descubierto.

Radio Maisí presentó la cosecha como prueba del “calibre” de los campesinos locales y vendió las nuevas instalaciones porcinas como parte del esfuerzo por “optimizar la cría” y asegurar alimentos “balanceados y de calidad” bajo la bandera de la llamada soberanía alimentaria. El problema es que los cubanos ya conocen ese libreto: una foto, una consigna y ninguna solución durable para el plato de cada día.

Las reacciones en Facebook dejaron claro el cansancio acumulado. Varios usuarios recordaron que Maisí siempre ha sido tierra productiva, pero cuestionaron que lo poco que se cosecha no se queda en el municipio y termina en manos de dirigentes o en otros destinos, mientras la población local sigue con la despensa vacía. Otros fueron más duros: la mesa y el refrigerador del pueblo desmienten cualquier relato de bonanza.

La burla también alcanzó el anuncio de las naves porcinas. En un país donde el cerdo se ha vuelto un lujo, la promesa de que esas instalaciones aliviarán la dieta familiar suena cada vez más hueca. La gente no comenta desde el capricho; comenta desde el hambre, desde el mercado vacío y desde precios que hacen imposible comprar una libra de carne para la casa.

El trasfondo es una crisis porcina devastadora que el propio aparato oficial ya no puede maquillar. Medios del régimen han reconocido que la producción cayó cerca de 90% frente al récord de 2018, cuando el país superó las 200 mil toneladas. En 2024 apenas se reportaron poco más de 9 mil toneladas, una cifra que explica por sí sola por qué la carne desapareció de la dieta diaria y por qué los precios se dispararon hasta niveles inalcanzables.

La caída no solo revela el fracaso productivo. También expone el divorcio entre la propaganda estatal y la realidad de las familias cubanas, obligadas a sobrevivir entre escasez, mercado negro y promesas recicladas. Mientras el régimen insiste en exhibir calabazas gigantes y naves terminadas, el cubano común sigue resolviendo comida como puede, con el plato cada vez más vacío y la misma sensación de abandono de siempre.

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