La congresista republicana María Elvira Salazar salió a respaldar el plan de la administración de Donald Trump para empujar un cambio político en Cuba y proclamó que la libertad “finalmente está llegando” a la isla. Su reacción llegó después de la investigación publicada por The Wall Street Journal sobre la estrategia de la Casa Blanca frente a La Habana.
En su cuenta oficial de X, Salazar calificó a la dictadura cubana como la raíz de la represión y del caos en el hemisferio, y afirmó que por fin está siendo responsabilizada. La legisladora por Florida, hija de exiliados cubanos, también sostuvo que durante más de seis décadas ese régimen brutal ha aplastado a su pueblo, exportado tiranía y sostenido a otros dictadores.
La congresista cerró su mensaje con una postura abiertamente alineada con el exilio y contra los opresores del pueblo cubano. Aseguró que siempre estará del lado de quienes sufren la represión y dio por agotada la vía de la complacencia y el silencio. En su visión, los días del régimen están contados.
El reportaje del diario estadounidense señala que funcionarios de Washington confirmaron que el gobierno de Trump trabaja de forma activa para forzar una transición política en la isla antes de que termine el año. La Casa Blanca ve una ventana de oportunidad histórica para debilitar al régimen de Miguel Díaz-Canel, golpeado por una crisis económica sin precedentes y por el aislamiento diplomático de La Habana.
La estrategia incluye presión económica, diplomática y simbólica, además de contactos discretos con la comunidad cubana en el exilio y con figuras dentro del entorno gubernamental que podrían aceptar una salida pactada. Washington interpreta el deterioro de Cuba como un terreno favorable para apretar todavía más a una cúpula que ha llevado al país al borde del colapso.
Trump reforzó esa lectura con declaraciones recientes en las que dijo que Cuba parece estar a punto de caer y que el régimen no tiene ingresos para sostenerse. A ese cuadro se suma la pérdida del suministro petrolero venezolano, que dejó a La Habana sin su principal apoyo energético.
El plan de la Casa Blanca también contempla nuevas sanciones económicas, restricciones migratorias contra funcionarios vinculados a misiones médicas y presión diplomática sobre los países que reciben esos programas, que Estados Unidos considera trabajo forzado estatal. Marco Rubio ha insistido en que el objetivo es asegurar para Cuba un gobierno democrático y libre de la influencia militar extranjera.
El propio reportaje recoge, sin embargo, que el caso cubano puede ser más duro que el venezolano. Ricardo Zúñiga, exfuncionario de la administración Obama, advirtió que el régimen cubano es un hueso mucho más duro de roer por la lealtad del aparato represivo y la ausencia de una oposición organizada dentro de la isla.
Para Trump y sus aliados en Florida, la caída del castrismo sería un triunfo de largo alcance. Un funcionario de la Casa Blanca citado por el Journal resumió el momento con crudeza: este es el momento, y si no actúan ahora, quizá no tengan otra oportunidad en décadas.
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