Manuel Marrero Cruz dejó al descubierto otra grieta del aparato económico del régimen al admitir que el llamado Programa de Gobierno corre el riesgo de quedarse en papel si no se impone desde arriba a ministerios, empresas y cuadros. La admisión llega en plena crisis energética, con desabastecimiento de combustible y una economía asfixiada que sigue castigando la vida diaria de los cubanos.
Durante un intercambio en la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno, el primer ministro insistió en que la nueva versión del plan no puede verse como un simple documento. Su mensaje fue claro: para La Habana, el problema está en la incapacidad del régimen para hacer que su propia maquinaria obedezca.
“Si solo vemos el Programa de Gobierno como un documento, como un plan de acciones, perdimos la pelea”, escribió Marrero en su cuenta oficial en X. También lo definió como “un instrumento de trabajo, un sistema de trabajo que guía nuestra labor a todos los niveles”. La frase resume la lógica del poder cubano: más control, más verticalidad y más presión sobre una estructura estatal que no responde ni siquiera a sus propios mandatos.
El régimen volvió en febrero a “actualizar” su plan para “corregir distorsiones y reimpulsar la economía”, pero la realidad de la isla sigue dominada por apagones de más de doce horas en varias provincias, transporte paralizado y una producción agrícola golpeada por la falta de diésel. Mientras el discurso oficial se multiplica, el país se hunde en la escasez.
El programa quedó armado con 10 objetivos generales, 116 específicos, 438 acciones y 308 indicadores y metas. La cifra, presentada como muestra de orden y planificación, termina revelando lo contrario: una burocracia pesada, incapaz de convertir listas y consignas en resultados concretos para la población.
No es la primera vez que el régimen relanza este mismo esquema. Ya en octubre y noviembre de 2025 había sometido otra versión a discusión dentro del Partido, las organizaciones de masas y las estructuras estatales, sin ofrecer después resultados tangibles sobre la vida cotidiana de los cubanos. El ciclo se repite: anuncios, reajustes, reuniones y ninguna salida real para el hambre, los cortes eléctricos y el derrumbe productivo.
La admisión de Marrero confirma que el problema es de mando y de eficacia. El régimen quiere que cada eslabón del Estado funcione como una correa de transmisión, pero ni siquiera con esa presión logra sacar al país del colapso. En Cuba, la pelea que dicen estar dando desde arriba se sigue perdiendo abajo, en la mesa vacía, en la guagua que no pasa y en la oscuridad de cada noche.

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