El octavo frente frío de la temporada invernal dejó este domingo penetraciones del mar de moderadas a fuertes en el litoral habanero y volvió a exhibir la fragilidad de una capital castigada por el abandono y la improvisación del régimen. Las rachas del noroeste, superiores a los 80 kilómetros por hora, levantaron olas de hasta cuatro metros, desbordaron el muro del Malecón y llevaron agua a zonas bajas de la ciudad.
Las incidencias se concentraron sobre todo en el Consejo Vedado-Malecón, aunque el agua también alcanzó calles como Quinta, Tercera y áreas identificadas como A, B y G. La prensa oficial describió el episodio como la inundación más significativa de la actual temporada invernal, un reconocimiento que confirma la magnitud del golpe sobre una infraestructura cada vez más expuesta al clima y cada vez menos capaz de responder.
Entre las imágenes que circularon desde temprano figuró la evacuación de una pareja de recién casados en el Meliá Cohíba, asistida por la Cruz Roja Cubana y rescatistas del Cuerpo de Bomberos. Familiares de los jóvenes alertaron a las autoridades cuando la salida hacia una zona segura se complicó, mientras brigadas oficiales recorrían las zonas afectadas de El Vedado.
El balance preliminar dejó cerca de 38 sótanos y 28 cisternas afectados, además de dos transformadores averiados, un poste caído y más de 22 quejas registradas en ese momento, según las autoridades municipales. También se reportó afectación en el servicio eléctrico. En Plaza de la Revolución, más de 500 personas se autoevacuaron y otras siete permanecieron en centros de protección.
El episodio volvió a poner en primer plano la precariedad material de La Habana bajo el régimen: una ciudad donde el mar entra con fuerza, el drenaje colapsa, la electricidad se resiente y los vecinos terminan resolviendo por su cuenta lo que el Estado no prevé ni sostiene. La respuesta institucional llegó, pero llegó a remolque del desastre.
Para este 1 de febrero, el pronóstico mantuvo nublado a gran parte del país, con chubascos y lluvias en la costa norte, extendidas después al occidente, mientras en el resto del territorio las precipitaciones debían ser aisladas. También se anunciaron temperaturas invernales y vientos del noroeste con rachas superiores en la costa norte.

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