Matanzas sufre un repunte de síndromes febriles en varios municipios

Matanzas volvió a quedar atrapada en una crisis sanitaria que el régimen intenta contener con discursos tardíos y diagnósticos parciales. En varios municipios y áreas de salud se reporta un aumento de síndromes febriles asociados a arbovirosis, con hogares enteros afectados, fiebre alta, dolores intensos y una expansión que ya se siente por cuadras completas.

Los propios relatos que circulan entre vecinos describen un panorama de desamparo. En Facebook, una residente de la provincia contó que pensó que la enfermedad pasaría de largo, pero terminó viendo caer a sus vecinos uno tras otro. También denunció aguas acumuladas, basureros sin recoger y ausencia de fumigación en medio de una multiplicación evidente de mosquitos. Su testimonio incluye el caso de un menor con fiebre sostenida de 39 a 40 grados y dolores articulares y de cabeza, un cuadro que habla por sí solo del golpe que vive la población.

La información oficial reconoce circulación de dengue y zonas en transmisión activa. Andrés Lamas Acevedo, director del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, confirmó la presencia de los serotipos tres y cuatro y dejó abierta la posibilidad de que entre el serotipo dos, ya presente en La Habana y Villa Clara. También señaló como territorios más comprometidos a Martí, Perico, Jovellanos, Matanzas, Colón, Unión de Reyes, Alacranes y Cárdenas, con reportes más altos en policlínicos y áreas concretas de la provincia.

Ese reconocimiento llega acompañado de una admisión que desnuda la fragilidad del sistema: no se reportan fallecidos ni críticos hasta ahora, pero el propio aparato sanitario habla de un cuadro que se ha extendido y que no logra ser contenido con eficacia. La comparación con 2022, cuando sí hubo muertes por la enfermedad, confirma que el problema no es menor y que la provincia enfrenta otra vez una presión epidemiológica seria.

El malestar ciudadano también apunta contra la falta de respuesta de las instituciones. Una activista reclamó en redes que se decretara una emergencia sanitaria y se abriera un período de cuarentena, al tiempo que exigió información inmediata y ayuda humanitaria. Su denuncia refleja el vacío que deja el régimen cuando la vida cotidiana se convierte en una carrera contra la fiebre, la basura acumulada y la ausencia de medidas visibles para cortar la transmisión.

Los diagnósticos recientes mantienen el foco en el dengue, admiten síntomas compatibles con chikungunya y mencionan la circulación de oropouche en menor cuantía. Todo ocurre sobre el mismo terreno de siempre: lluvias, calor, déficit de combustible para fumigación, falta de personal y resistencia vecinal a las inspecciones sanitarias. Matanzas no enfrenta un misterio médico; enfrenta el resultado previsible de una estructura estatal incapaz de prevenir, ordenar y responder a tiempo.

Mientras el régimen insiste en minimizar el cuadro y hablar de control, la provincia sigue sumando febriles y familias contagiadas. La enfermedad avanza donde el Estado falla, y la vida de la gente queda otra vez entregada a la improvisación, el atraso y la censura de una burocracia que sólo reacciona cuando la crisis ya está encima.

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