La sobrevivencia de niños y adolescentes con cáncer en Cuba cayó del 80 % al 65 %, según autoridades sanitarias, en medio de carencias de insumos, medicamentos y equipos de radioterapia en mal estado. El golpe alcanza a las familias que dependen de tratamientos prolongados y a un sistema de salud que sigue prometiendo cobertura mientras pierde capacidad real para sostener casos graves.
En la sala pediátrica del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología se atienden los cuadros más complejos que llegan desde todo el país. Cada año aparecen entre 350 y 400 nuevos pacientes, y unos 1.400 niños y adolescentes requieren condiciones de atención muy específicas. Esa presión se siente en un servicio que tiene que responder con recursos limitados a una enfermedad que no admite improvisaciones.
La jefa del Servicio de Oncopediatría, Mariuska Forteza Sáez, señaló que después de la pandemia de covid-19 el país entró en una etapa de mayor deterioro, marcada por la insuficiencia de insumos, la inestabilidad de los medicamentos de quimioterapia y los problemas en los equipos de radioterapia, afectados por la obsolescencia y otras fallas. El sistema, admiten sus propias autoridades, tuvo que modificar protocolos y recurrir a fármacos que no siempre ofrecen el resultado esperado.
La crisis se traduce en angustia familiar y en decisiones médicas más difíciles. Liset Rodríguez, madre de un paciente, contó que su hijo ha pasado por tres fases de tratamiento con medicamentos diferentes, una secuencia que se volvió más dura porque el país no tenía lo necesario. En la práctica, eso significa retrasos, cambios forzados y una carga mayor para hogares que ya enfrentan una batalla dolorosa.
El personal de salud intenta sostener el servicio con constancia y con apoyo de artistas y grupos de solidaridad, en un esfuerzo por hacer más llevadero el tratamiento. Dayné Quintero Vázquez, jefa de Enfermería de la sala pediátrica, aseguró que han mantenido el trabajo pese a la falta de insumos y a la ausencia intermitente de algunos medicamentos. Esa entrega profesional amortigua el golpe, pero no resuelve el fondo: la ruina material que el régimen arrastra sobre una de las áreas más sensibles de la vida cubana.
El dato de 65 % todavía queda por encima de las metas de la Organización Mundial de la Salud, pero el retroceso es claro y doloroso. En un país donde el discurso oficial insiste en exhibir la salud pública como bandera, esta caída muestra el costo humano de la escasez y de un aparato estatal que no logra proteger a sus pacientes más vulnerables.

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