La última Mesa Redonda dejó al descubierto el desgaste del discurso oficial. El régimen intentó hablar de crisis energética, bancos y ayuda internacional, pero la respuesta que dominó en redes fue otra: incredulidad, molestia y una crítica directa a una propaganda que ya no consigue maquillar la realidad diaria del cubano.
Los comentarios que acompañaron la transmisión fueron un retrato del hartazgo acumulado. Alejandro Pérez Guilarte atribuyó la situación actual a más de seis décadas de saqueo, y Michel Mantilla cerró el paso con una frase que se repitió en el ambiente digital: ya no engañan a nadie. La reacción golpea de frente a un aparato político que insiste en administrar discursos mientras el país sigue hundido en apagones, escasez y desconfianza.
El sistema bancario volvió a quedar en el centro del reclamo. Mar denunció que los bancos prácticamente no operan cuando se va la corriente, y Zoila García Perera aseguró que en provincias del interior los cajeros no sirven ni para extraer dinero ni para hacer transferencias por la falta de electricidad. Luis Medrano resumió la impotencia de la gente al decir que eso es lo que recibe el cubano de a pie.
Las promesas económicas también chocaron con el escepticismo. Demi Lobaina R Lobaina sostuvo que los cambios anunciados solo benefician a los dirigentes y sus familias, y reprochó el lenguaje enredado con que las autoridades tratan de esconder la ausencia de resultados. Esa queja recorre la conversación pública en la Isla: el régimen habla de reorganización, pero la vida cotidiana sigue igual de rota.
Las denuncias más duras tocaron a la familia y la salud. Ivonne González expresó desesperación por la falta de leche para los niños. Yayi Dallarys Benítez alertó que el transporte para pacientes de hemodiálisis ya no está garantizado. Carlos Miguel González Pupo reclamó además que no se mencionaran los presos políticos ni el proyecto juvenil 4tico, una omisión que confirma el cerrojo político con que el régimen decide qué existe y qué se borra del debate público.
Los apagones atravesaron toda la conversación. Charly Ok y Carima Borges dijeron que ni siquiera pudieron ver completo el programa por la falta de electricidad, y Delvis Cruz Limonta ironizó sobre cómo informarse en un país donde nunca hay corriente. La imagen es brutal: cubanos atrapados entre la oscuridad, la escasez y una maquinaria oficial que sigue hablando como si conservara credibilidad.
La reacción a esa Mesa Redonda dejó una señal política clara. El régimen insiste en vender control y reorganización, pero la ciudadanía respondió con un rechazo abierto que desnuda el fondo del problema: apagones, bancos paralizados y una desconexión total entre el discurso oficial y la vida real.

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