Estados Unidos no hará de los envíos de petróleo mexicano a Cuba un frente principal de presión sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum. Así lo interpreta el historiador cubano Rafael Rojas, que ve en esas entregas una operación intermitente, limitada y lejos del peso que tuvo el suministro venezolano antes del colapso de Caracas.
Rojas sostuvo que Washington puede tolerar esos cargamentos porque no responden a una estructura orgánica como la que sostuvo durante años el vínculo energético entre Venezuela y la isla. En su lectura, la Casa Blanca mantiene otras prioridades más apremiantes en la agenda bilateral con México, sobre todo la migración y el narcotráfico, y por eso el petróleo enviado a La Habana no aparece como detonante de una ruptura mayor.
Mientras el Gobierno mexicano insiste en que mantendrá los embarques y la secretaria de Energía de Estados Unidos afirma que no se ha pedido a México frenar los envíos, Pemex sigue sin ofrecer datos oficiales sobre el volumen exacto que sale rumbo a Cuba. Rojas sitúa esas entregas por debajo de los 17.000 barriles diarios, una cifra muy baja frente a los cerca de 100.000 barriles que llegaban desde Venezuela.
La presidenta Claudia Sheinbaum negó que México haya incrementado el envío de petróleo a la isla, aunque admitió que su país se convirtió en un proveedor importante en medio del derrumbe del flujo venezolano. El buque Ocean Mariner llegó el 10 de enero a la bahía de La Habana con unos 86.000 barriles de combustible procedentes de México, una carga destinada a aliviar los apagones que castigan a los cubanos.
Ese dato retrata otra vez la dependencia energética del régimen cubano y la incapacidad del aparato estatal para sostener por sí solo la generación eléctrica. La crisis se arrastra desde mediados de 2024, con centrales obsoletas, averías frecuentes y falta de divisas para comprar combustible. En ese escenario, cualquier suministro externo termina convertido en un parche para una economía destruida por décadas de control político, subsidios ajenos y administración fallida.
Rojas también recordó que México ha mantenido una relación estrecha con Cuba desde 1959, con gobiernos de distinto signo, y que en los últimos años se redujeron las inversiones en la isla sin desaparecer el respaldo político. Añadió que fue con Andrés Manuel López Obrador cuando se introdujo el subsidio petrolero a cambio de servicios de salud de médicos cubanos en México, un esquema que definió como subsidio porque el gobierno mexicano lo paga y Cuba no tiene una forma clara de compensarlo.
La ecuación vuelve a dejar al descubierto el oxígeno externo que sostiene a la dictadura cubana. Cuando Venezuela dejó de ser su principal válvula, México ocupó ese lugar con envíos modestos pero decisivos para un régimen que vive al borde del colapso energético y depende de acuerdos políticos antes que de una economía capaz de producir y abastecer a su población.

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