La llegada a Cuba de dos buques de la Marina mexicana con más de 814 toneladas de ayuda humanitaria vuelve a exhibir una verdad que La Habana intenta maquillar con propaganda: el régimen mantiene a la isla hundida en una crisis energética y de desabastecimiento que ya castiga a toda la población. La carga salió de Veracruz en los buques de apoyo logístico Papaloapan e Isla Holbox y entró a territorio cubano esta mañana, según confirmó la Secretaría de Marina.
El envío incluyó alimentos de primera necesidad, artículos de higiene personal y más de 277 toneladas de leche en polvo. En el Papaloapan viajaron productos como leche líquida, carnes, galletas, frijol, arroz, atún, sardina y aceite vegetal, además de insumos básicos para una población obligada a resolver cada día lo elemental en medio de apagones, escasez y colapso económico.
La propia dependencia mexicana dejó claro que todavía quedan más de mil 500 toneladas de leche en polvo y frijol pendientes de ser despachadas, aunque sin fijar fecha para ese nuevo envío. El dato confirma la magnitud del auxilio y también la profundidad del derrumbe interno que vive Cuba, donde la dependencia de la ayuda externa ya forma parte de la rutina del desastre.
El gobierno de México presentó la operación como un gesto de solidaridad y dijo que actúa “en cumplimiento a la tradición solidaria del pueblo de México”. También recordó anteriores apoyos a Estados Unidos ante los incendios en California y las inundaciones en Texas, con la intención de enmarcar la entrega a Cuba dentro de una política de cooperación regional.
Pero el trasfondo sigue siendo el mismo: mientras el régimen insiste en discursos vacíos sobre resistencia y soberanía, la isla sobrevive a fuerza de donaciones, cargamentos de emergencia y remiendos que no resuelven nada de fondo. La crisis energética y el desabastecimiento siguen golpeando a los cubanos, y cada barco de ayuda confirma el fracaso de un modelo económico y político que ya no sostiene ni lo básico.

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