La escuela cubana atraviesa una crisis más honda que la falta de recursos. Un estudio del Observatorio de Libertad Académica advierte sobre violencia escolar, pérdida de autoridad docente, corrupción cotidiana y conductas sexuales inapropiadas dentro de centros de enseñanza, en un panorama que retrata el derrumbe moral que el régimen ha permitido incubar durante décadas.
El informe, titulado “Violencia y transgresión ética en las escuelas cubanas: lo que UNICEF prefiere ignorar”, sitúa el origen del problema en la politización de la educación y en un modelo que sustituyó la libertad pedagógica por el control ideológico. Según el OLA, la escuela dejó de ser un espacio cívico para convertirse en una herramienta de selección política, donde la lealtad y la “integración” pesan más que el mérito, la autonomía o el pensamiento crítico.
Leonardo Fernández, investigador del observatorio, explicó que el deterioro de la institución escolar se ha documentado durante años y arranca precisamente con esa imposición ideológica. Desde su mirada, el sistema educativo no solo degradó la enseñanza, también quebró la autoridad del maestro y vació de contenido la relación entre familia y escuela, dos columnas que cualquier sociedad sana necesita preservar.
La antropóloga e historiadora Jenny Pantoja reforzó esa lectura desde La Habana. Aseguró que la escuela terminó funcionando como un mecanismo de vigilancia social, capaz de castigar convicciones personales y de empujar a muchos cubanos a la autocensura desde edades tempranas. En ese entorno, dijo, se normalizó la idea de que cada persona podía convertirse en informante.
OLA también señala como punto de quiebre el modelo de internados y escuelas en el campo. La separación forzada de adolescentes y familias abrió espacios de vulnerabilidad donde crecieron la violencia, la humillación y las conductas impropias. Pantoja describió esas instituciones como lugares que fracturaron a la familia en una etapa decisiva de la vida y que, en muchos casos, funcionaron con lógicas casi carcelarias.
La crisis actual se agrava por el éxodo de maestros. El estudio apunta a salarios insuficientes, a la salida de docentes hacia otras actividades y a la emigración como causas directas del vaciamiento del magisterio. Fernández advirtió que la escuela quedó en manos de personal improvisado o con preparación limitada, mientras se redujo el peso real del profesor frente al aula.
Ese vacío, añade el informe, abrió la puerta a más indisciplina, a la pérdida de referentes y a episodios de violencia sexual. OLA vincula además la expansión de figuras como los Profesores Generales Integrales con un deterioro profundo de la calidad educativa y con mayores riesgos para los alumnos, especialmente en entornos donde la supervisión adulta es débil y la precariedad manda.
La corrupción escolar aparece como otro síntoma de la descomposición. Venta de exámenes, filtraciones, pagos informales para aprobar y clases particulares del propio docente forman parte de una práctica extendida que el estudio conecta con el promocionismo y con la obsesión oficial por las estadísticas, aunque detrás de los números haya aprendizaje pobre y abandono académico.
El diagnóstico incluye también la violencia física, el acoso escolar y el uso de celulares, mensajería y redes como canales para humillar, hostigar y difundir contenido íntimo sin consentimiento. Fernández enumeró denuncias de violencia escolar y acoso sexual, y recordó casos que han circulado públicamente y que involucran a personal docente.
En el centro de la crítica está UNICEF, al que OLA acusa de apoyarse en datos oficiales del régimen y de prescindir de un monitoreo independiente. El observatorio sostiene que esa dependencia reduce la capacidad de los organismos internacionales para ver lo que pasa de verdad en las aulas y los deja atrapados en una versión maquillada de la realidad cubana.
Pantoja resumió el fondo del problema con una frase que apunta al corazón del desastre: el daño es ético y moral, además de material. La escuela cubana refleja hoy la crisis del país entero, marcada por control político, precariedad, migración y pérdida de confianza social. En ese terreno, cada denuncia sobre violencia y degradación ética confirma el costo humano de un sistema que corrompió incluso el aula.
Un informe del Observatorio de Libertad Académica denuncia violencia, corrupción y degradación ética en escuelas cubanas, y cuestiona el enfoque de UNICEF.[4707][

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