México se ha convertido en el principal sostén externo del régimen cubano en medio de una crisis que aprieta la vida en la isla y debilita todavía más su margen de maniobra. La ayuda ha pasado del petróleo a la leche en polvo, pero el mensaje político es el mismo: La Habana sigue encontrando un salvavidas mientras su economía se hunde y su aparato de poder busca oxígeno fuera.
El giro llegó después de la presión de Estados Unidos sobre los países que vendieran o regalaran combustible a Cuba. Hasta entonces, México enviaba entre 17.000 y 22.000 barriles diarios de petróleo, una cantidad que aliviaba a un régimen atrapado por la escasez de crudo y la falta de liquidez. Cuando ese flujo se frenó, la respuesta de Claudia Sheinbaum fue cambiar el formato de la ayuda sin alterar el fondo: “Buscaremos ayudar a Cuba sin poner en riesgo a México”.
Poco después, dos buques de la Armada mexicana llevaron más de 800 toneladas de leche en polvo, frijol, arroz, galletas, sardinas y productos de higiene personal. La presidenta anunció que esos envíos continuarían. También ofreció a México como puente aéreo para aerolíneas y países que quieran seguir volando a Cuba, en un momento en que en la isla apenas queda turbosina para sostener el tráfico aéreo.
Detrás de esa asistencia hay una relación política que ya no se esconde. Morena firmó un convenio de intercambio y cooperación con el Partido Comunista de Cuba, y Andrés Manuel López Obrador exaltó al régimen con elogios que lo presentaron como símbolo de “resistencia heroica”. Esa cercanía ideológica explica parte del respaldo de México a La Habana, incluso cuando Washington endurece el cerco sobre quienes apuntalan a la dictadura.
El vínculo también pasó por la contratación de médicos cubanos. Desde 2022, México firmó un acuerdo para incorporar personal sanitario de la isla bajo el argumento de cubrir plazas que no lograba llenar, sobre todo en zonas rurales o violentas. Hoy hay cerca de 3.650 médicos cubanos repartidos por el país, otro frente sensible en una relación que ya le abre a México tensiones con Estados Unidos.
Arturo Sarukhan, exembajador mexicano en Estados Unidos, advirtió que el petróleo, los médicos cubanos y el arropamiento a La Habana y Caracas colocan a México en un terreno incómodo frente a la Casa Blanca, legisladores cubanoamericanos y sectores de inteligencia preocupados por la expansión de esa influencia. El propio diplomático describió la presencia cubana como parte de una mezcla que sigue dejando flancos abiertos a México.
A esa ecuación se suma la presencia de diplomáticos rusos proscritos de embajadas europeas tras la invasión de Ucrania, varios de los cuales recalaron en México. Según Sarukhan, durante la gestión de López Obrador llegaron 85 nuevos diplomáticos rusos acreditados en la embajada rusa en ese país. El cuadro confirma que México se ha convertido en un espacio útil para regímenes y aparatos que chocan con Occidente, mientras la dictadura cubana continúa recibiendo respaldo de un aliado dispuesto a sostenerla.
La consecuencia para Cuba es inmediata: el régimen gana tiempo. La consecuencia para los cubanos, también. Cada cargamento que entra desde México alivia a la maquinaria de poder en La Habana, pero no resuelve la miseria de fondo ni la crisis que empuja a más familias al desabastecimiento, la dependencia y el exilio. Mientras otros gobiernos le dan aire a la dictadura, los cubanos siguen pagando el costo dentro de la isla.

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