El economista cubano Emilio Morales colocó al régimen en su momento más frágil y aseguró que no cree que llegue al verano. En una entrevista con CubaNet, el vicepresidente del laboratorio de ideas Cuba Siglo 21 dijo que la etapa actual es la final y ligó ese juicio a la crisis de combustible, la parálisis productiva y la pérdida de control político sobre la población.
Su pronóstico coincide con la aplicación de un plan de contingencia oficial que recorta actividades en todos los sectores, frena servicios y aprieta todavía más a una población golpeada por apagones, escasez y transporte colapsado. El propio recurso del régimen confirma hasta dónde ha llegado el deterioro: el país ya no consigue sostener con normalidad ni la economía ni la vida cotidiana.
Morales describió un cuadro de derrumbe que abarca energía, salud, transporte y producción. Habló del colapso de la matriz energética, de una economía en bancarrota y de un país prácticamente paralizado. En la calle, ese diagnóstico se traduce en cajeros sin efectivo, limitaciones en servicios médicos, menos combustible para mover vehículos y vuelos internacionales cancelados por falta de combustible para aviones.
La crisis también le pasó factura al turismo, uno de los pocos sectores que todavía aportaban divisas. Morales señaló que varias aerolíneas suspendieron operaciones hacia Cuba y recordó que la principal línea aérea canadiense anunció que no volará a la Isla hasta mayo. Para un régimen que depende cada vez más de las entradas externas, cada cancelación agrava la asfixia financiera y deja a más cubanos atrapados en la misma escasez.
El economista añadió el deterioro sanitario al panorama general y habló de una situación epidemiológica desastrosa, marcada por más de nueve virus circulando al mismo tiempo. La crisis cubana ya no se limita a la falta de combustible o a la caída de la producción: entra en los hospitales, se mete en las colas y golpea cada servicio básico que el Estado dejó caer por su incapacidad.
Morales también señaló una fractura que el régimen intenta ocultar desde hace años: la pérdida de hegemonía informativa. Según dijo, la población dejó de consumir la prensa oficial y se informa a través de medios independientes. A su juicio, esa ruptura debilitó al Partido Comunista y erosionó su capacidad de convocar, de imponer relato y de seguir fingiendo autoridad sobre una sociedad que ya no le cree.
Ese desgaste, afirmó, llegó incluso a las Fuerzas Armadas. El economista habló de fisuras dentro del aparato militar y de una pérdida de poder ideológico que compromete la estabilidad del sistema. En un país donde el control político ha descansado durante décadas sobre la obediencia forzada, esa grieta pesa tanto como el desabastecimiento.
En el frente externo, Morales sumó la deuda impagable, que ubicó en 46.000 millones de dólares, y el aislamiento creciente de La Habana en América Latina y frente a Estados Unidos. También descartó un salvavidas serio desde Rusia, China o México, y sostuvo que los rusos ya dan por perdido el asunto cubano. En su lectura, el régimen se quedó sin margen real para negociar y sin bienes políticos de valor para ofrecer.
El economista fue más lejos al señalar que la única salida plausible sería una transición que saque a la familia Castro del poder. También mencionó procesos judiciales en Estados Unidos contra figuras vinculadas al castrismo y citas recientes de Hugo “El Pollo” Carvajal, que apuntan a viejas conexiones del poder cubano con operaciones criminales. Todo eso, unido al control de GAESA sobre la economía, refuerza una misma lectura: el sistema está agotado y ya no logra sostenerse ni dentro ni fuera de la Isla.
Morales concluyó que el desenlace podría llegar antes del verano o durante este año. Su pronóstico no cambia por sí solo la realidad, pero retrata el nivel de desgaste de un régimen que ha llevado al país al borde del colapso y que hoy responde con más restricciones, más improvisación y menos futuro para los cubanos.

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