Multan en Río Cauto a un joven por evadir el Servicio Militar

Enmanuel Espinosa Jorge, un joven de Río Cauto, fue multado con 7,000 pesos cubanos después de no presentarse a varias citaciones del comité militar. La sanción vuelve a mostrar cómo el régimen castiga con dinero, expedientes y amenaza de cárcel a quienes intentan apartarse del Servicio Militar Activo.

Según explicó su hermana, Eliannis Villavicencio Jorge, el muchacho había sido llamado varias veces para el chequeo médico del servicio obligatorio. También advirtió que el pago de la multa no cierra el caso: después de saldarla, las autoridades siguen adelante con otros procedimientos legales contra los jóvenes que se resisten a vestir el uniforme verde olivo.

La cifra golpea en un país donde 7,000 pesos pesan como una condena adicional sobre cualquier familia común. El régimen usa esa presión económica como herramienta de disciplina y la combina con un castigo más severo si la negativa persiste: de acuerdo con lo que se explicó en el caso, la evasión puede llevar a penas de dos a cinco años de privación de libertad.

El rechazo al Servicio Militar ha crecido en silencio dentro de muchos hogares cubanos, alimentado por el temor y por la experiencia de tragedias recientes. La muerte de reclutas durante el incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas dejó al descubierto el riesgo al que el Estado expone a muchachos sin preparación suficiente, enviados a la primera línea de fuego bajo órdenes militares.

Ese miedo se ha convertido en una respuesta extendida entre padres y familias que buscan cualquier salida para sacar a sus hijos del reclutamiento obligatorio. En la práctica, la resistencia toma la forma de una visa, de una demora médica o de una negativa callada frente a un sistema que convierte el alistamiento en una obligación y la desobediencia en falta perseguible.

El caso de Cristian Jorge Labrada Fonseca confirma que el Servicio Militar también sirve como mecanismo de castigo político. Fue detenido en 2024, cuando estaba por terminar su prestación, y un tribunal militar lo condenó a 10 años de prisión por desacato, delitos contra el orden constitucional y supuestas faltas en el cumplimiento de la guardia, a partir de publicaciones críticas en redes sociales.

Mientras tanto, la campaña “No al Servicio Militar Obligatorio” ha encontrado eco en redes sociales con una denuncia directa contra el reclutamiento forzado. La propia lista de muertes de jóvenes durante el servicio, junto con la falta de transparencia oficial, ha fortalecido la idea de que el uniforme obligatorio en Cuba funciona como una extensión del control estatal sobre la vida de los muchachos.

Lo ocurrido en Río Cauto deja una señal clara: en Cuba, intentar evadir el Servicio Militar no termina en una simple multa. El régimen responde con castigo económico, presión legal y amenaza penal sobre familias que ya viven atrapadas entre la escasez, el miedo y la salida del exilio.

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