La escasez de petróleo en Cuba ya está dañando los servicios esenciales del país y empujando a la población a una crisis más honda, según advirtió Naciones Unidas este viernes. El impacto alcanza el agua potable, la sanidad, la alimentación y el funcionamiento mínimo de redes que dependen del combustible y la electricidad, en medio de un cuadro que el organismo describe como cada vez más grave para los derechos humanos.
El aviso llega en un momento en que el régimen intenta sostener una apariencia de normalidad sobre una economía quebrada, mientras la falta de combustible corta por dentro hospitales, sistemas de bombeo y cadenas de distribución que ya venían al límite. La ONU señaló que la situación compromete unidades de cuidados intensivos, salas de emergencia y la conservación de vacunas, sangre y medicamentos sensibles a la temperatura.
También advirtió que más del 80% de los equipos de bombeo de agua dependen de la electricidad, una realidad que deja a barrios enteros expuestos a cortes, desabastecimiento y precariedad sanitaria. Cuando falla la energía, falla el acceso al agua segura, al saneamiento y a la higiene, y el costo termina cayendo sobre las familias que llevan años sobreviviendo a base de colas, apagones y racionamiento.
En el frente alimentario, la falta de combustible golpea la canasta básica regulada y debilita todavía más el sistema de distribución estatal. La propia ONU reconoció que el impacto sostenido de las sanciones reduce la capacidad del Estado para prestar servicios de protección y asistencia, una admisión que retrata el tamaño del deterioro interno y la fragilidad de un aparato que no logra sostener ni lo más elemental.
El organismo pidió levantar las medidas sectoriales unilaterales y reclamó que las autoridades de La Habana prioricen la mediación, la desescalada y la salvaguarda de los derechos de reunión pacífica y expresión. El trasfondo es claro: Cuba arrastra una crisis socioeconómica profunda, pero el régimen sigue sin ofrecer una respuesta capaz de proteger a la gente de un colapso que ya se siente en el hospital, en la llave de agua y en la mesa vacía.

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