Las imágenes de Óscar Castañeda dejaron al descubierto otra vez el precio humano de la represión chavista. En un video difundido en redes sociales, el venezolano aparece primero sano, firme y hablando con seguridad durante un acto político de apoyo a María Corina Machado. En la segunda escena, sale de prisión convertido en otra persona: apenas puede caminar, está desorientado y no reconoce a sus familiares.
El contraste no admite maquillaje. Lo que se ve allí es el deterioro brutal de un preso político sometido al aparato represivo del régimen de Nicolás Maduro. Según la identificación hecha por Manuel Rincón en X, se trata de Óscar Castañeda, arrestado tras el 28J y llevado a El Helicoide, uno de los centros de detención más temidos de Venezuela.
Rincón aseguró que Castañeda fue torturado y que, al salir, no podía caminar sin ayuda ni reconocer a su familia. El propio video muestra a jóvenes entre lágrimas, incluida su hija, mientras un hombre lo sostiene para que avance. La escena tiene el peso de una denuncia que habla por sí sola: el castigo político no se queda en la celda, se imprime en el cuerpo y deja daño en la memoria.
El politólogo Horacio Siciliano fue tajante al describir el caso como tortura. Recordó que Castañeda fue detenido por pensar distinto, llevado a El Helicoide y mantenido allí durante casi dos años. Para Siciliano, la secuencia de imágenes prueba lo que este sistema le hace a una persona cuando decide aplastar la disidencia con encierro, aislamiento y maltrato prolongado.
El caso también vuelve a colocar sobre la mesa el nombre de El Helicoide, símbolo de la maquinaria represiva chavista. Ese lugar se ha convertido en referencia obligada cada vez que se habla de detenciones políticas, tortura y quebranto físico y emocional contra opositores. Allí no solo se encierra a un detenido: se intenta romperlo por dentro y arrastrar a su familia al mismo infierno.
La excarcelación de Castañeda ocurre en medio del anuncio de una ley de amnistía general para presos políticos hecha por Delcy Rodríguez, que será debatida en la Asamblea Nacional. El régimen intenta vestir de convivencia nacional una salida que llega después de años de persecución, y que no borra lo ocurrido dentro de esas paredes ni la violencia que marcaron esos expedientes.
Rodríguez habló de borrar causas judiciales y de excluir delitos comunes como homicidio o narcotráfico, mientras prometía convertir El Helicoide en un centro de servicios sociales y deportivos. Pero para quienes salieron quebrados, para los familiares que los recibieron con lágrimas y para los que siguen presos o marcados por el encierro, el anuncio tiene poco valor frente al daño ya cometido.
La imagen de Óscar Castañeda resume la lógica de una dictadura que castiga la lealtad opositora con cárcel, tortura y humillación. También deja claro que la represión no se mide solo en condenas ni en cifras: se mide en cuerpos destruidos, familias rotas y ciudadanos que salen de prisión sin fuerzas ni lucidez, después de haber pagado por ejercer un derecho elemental.

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