La prensa oficialista en Cuba volvió a montar una maniobra de propaganda para atacar al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, a partir de una información publicada por el sitio Drop Site News, mientras la isla sigue hundida en una crisis energética que ya golpea el transporte, los vuelos y los servicios de paquetería. El objetivo es claro: desviar la atención del colapso interno y sembrar ruido en Washington con una historia construida para erosionar la relación de Rubio con Donald Trump.
Rey Gómez, vocero del aparato mediático del régimen, tomó como base esa publicación de corte izquierdista para acusar a Rubio de manipular al presidente estadounidense. La jugada dice más sobre la desesperación de La Habana que sobre la solidez de esa versión. Cuando el castrismo necesita apoyarse en materiales parciales y de procedencia dudosa para sostener su discurso, confirma que su maquinaria propagandística anda corta de argumentos y larga de urgencias.
La operación política busca una meta concreta: apartar a Rubio de cualquier conversación seria sobre Cuba y presentar el endurecimiento de la presión sobre la dictadura como el capricho de un funcionario cubanoamericano. Esa línea narrativa intenta reducir un problema de Estado a una pelea personal, justo cuando el régimen sabe que Washington lo tiene en la mira por su papel en la inestabilidad regional y por la crisis migratoria que sigue saliendo de la isla.
Mientras tanto, la realidad dentro del país sigue deteriorándose. No hay transporte público regular, los taxis han disparado sus tarifas, los aeropuertos operan con combustible escaso y varias aerolíneas han cancelado sus vuelos. Las agencias de paquetería redujeron sus servicios y Supermarket 23 suspendió sus operaciones. El apagón energético no se queda en una consigna: vacía calles, encarece la vida diaria y corta negocios que ya venían funcionando al límite.
El régimen intenta convertir ese desastre en una distracción política, como si bastara inflar un relato sobre Trump y Rubio para tapar la falta de combustible, la caída del transporte y la parálisis de servicios básicos. Esa es la lógica de siempre: cuando la economía se hunde y el control interno se resquebraja, la propaganda se activa para buscar culpables externos y blindar a la cúpula.
El problema para La Habana es que la crisis no se tapa con ruido. La presión de Washington, con Rubio como figura central, llega en un momento en que la dictadura ya no tiene margen para esconder su responsabilidad en el caos migratorio, en el fracaso del deshielo con Obama y en su resistencia a emprender reformas reales. El castrismo quiere ganar tiempo, pero la factura política y económica está sobre la mesa.
La nueva campaña mediática revela otra cosa más profunda: el régimen sigue apostando por la manipulación como sustituto de gobierno. No resuelve la escasez de combustible, no devuelve el transporte, no repara el daño económico. Solo fabrica un culebrón para consumo interno y para intentar mover la conversación lejos de su propio derrumbe.

Sé el primero en comentar