Protestas por apagones y falta de agua sacuden varios barrios de La Habana

La Habana volvió a salir a la calle la noche del miércoles en una sexta jornada consecutiva de protestas marcadas por los apagones, la falta de agua y el cansancio acumulado en varios barrios de la capital. En Marianao, vecinos de la zona conocida como La Favela se echaron a la calle mientras en otros puntos del municipio también se oyeron cacerolazos y consignas hasta la madrugada.

Los reportes llegados desde la capital dibujan un mapa de malestar que se extiende por distintos barrios y municipios. En Cojímar, residentes de la calle I entre 29 y 30 protestaron después de pasar más de un mes sin suministro de agua. En Centro Habana, la queja volvió a ser la misma: días enteros sin agua y cortes eléctricos que dejan a las familias atrapadas entre la oscuridad y la escasez. En La Güinera, en Arroyo Naranjo, los vecinos también salieron a protestar tras denunciar 19 días sin servicio de agua potable y apagones constantes.

La crisis energética, que el régimen intenta manejar como un problema de rutina, ya empuja a la gente a la calle con una frecuencia que no deja lugar a discursos oficiales. Los vecinos no protestan por una molestia pasajera: protestan porque viven sin agua, sin corriente y sin respuestas. Cuando un barrio entero pasa días o semanas en esas condiciones, la protesta deja de ser un estallido aislado y se convierte en la única forma de reclamar lo básico.

En La Güinera, una residente contó que la presión policial se hizo sentir enseguida. Según su testimonio, varios jóvenes fueron detenidos después de los cacerolazos. Ese dato revela la respuesta habitual del aparato represivo: primero castiga el reclamo, después pretende controlar el barrio y por último intenta borrar el origen del enojo. La población queda sola frente a una crisis que el Estado no resuelve y que, en cambio, vigila.

Los testimonios también muestran cómo el malestar se dispersó por otros puntos de La Habana, desde Lawton y Buenavista hasta Regla, Guanabacoa, Calvario, Mantilla, Playa, El Vedado, San Miguel del Padrón y Habana del Este. La repetición de protestas en tantos barrios confirma que el problema ya no está encerrado en un municipio ni en una queja puntual. La capital está respondiendo al mismo tiempo al hambre de servicios, al abandono y a la incapacidad del régimen para sostener lo más elemental.

La jornada del miércoles dejó claro, además, que cada corte de agua y cada apagón prolongado tiene una consecuencia política inmediata: erosiona todavía más la autoridad de un sistema que solo conserva control mediante vigilancia, miedo y escarmiento. En Cuba, la protesta sigue naciendo de la escasez; la represión, de la incapacidad del poder para resolverla.

Vecinos de Marianao, Cojímar, Centro Habana y La Güinera protestaron por apagones y falta de agua en una nueva noche de tensión en La Habana.[7][

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