Putin reafirma su respaldo a Cuba en plena presión de Washington

Vladímir Putin volvió a cerrar filas con La Habana este miércoles en el Kremlin y dejó claro que Moscú seguirá del lado del régimen cubano, mientras la isla carga con una crisis económica que no afloja y con nuevas sanciones de Estados Unidos sobre la mesa. El presidente ruso hizo la afirmación durante una reunión con el canciller Bruno Rodríguez Parrilla y calificó de “inaceptables” las medidas adoptadas por Washington contra Cuba.

Putin aseguró que Rusia “siempre ha estado del lado de Cuba en su lucha por la independencia” y que mantendrá su apoyo al pueblo cubano, un mensaje que llega en el momento en que La Habana busca oxígeno externo para sostenerse. La declaración no cambia el fondo del problema: el régimen sigue atrapado en su dependencia de aliados políticos mientras el país se hunde en apagones prolongados, escasez de combustible y una producción cada vez más debilitada.

La reunión en Moscú también sirvió para que Serguéi Lavrov reiterara la “total solidaridad” rusa con la isla y rechazara que la cooperación bilateral represente una amenaza para Estados Unidos. Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, describió el encuentro como especialmente relevante por el “difícil momento” que atraviesa Cuba y prometió que Rusia continuará desarrollando sus relaciones con La Habana y prestando asistencia en tiempos complejos.

Ese respaldo político, sin embargo, no resuelve la urgencia real que vive la población cubana. Mientras el régimen exhibe en el exterior sus alianzas y su discurso de soberanía, dentro de la isla persisten el apagón, la falta de combustible y la contracción productiva que vacía los hogares y golpea el día a día de las familias. La escena vuelve a mostrar la misma ecuación de siempre: un poder que se refugia en la geopolítica para ocultar su fracaso interno.

La visita de Bruno Rodríguez a Moscú coincide además con el endurecimiento de la presión de Washington, después de que Donald Trump firmara una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” ante lo que Estados Unidos considera una amenaza para su seguridad nacional. Esa decisión elevó las restricciones e incluyó aranceles para países que suministren petróleo a Cuba, en un golpe directo a la red de apoyo que sostiene a la isla.

Desde La Habana, Miguel Díaz-Canel repitió el libreto de siempre y presentó a Cuba como una nación “libre, independiente y soberana”, mientras denuncia “agresiones” de Washington. Pero la realidad que se ve desde adentro es otra: un régimen incapaz de dar respuesta a la crisis, dependiente de padrinos externos y más preocupado por blindarse políticamente que por aliviar la vida de los cubanos.

El gesto de Putin fortalece la alianza entre Moscú y La Habana, pero también deja al descubierto la fragilidad de un sistema que necesita respaldo extranjero para sobrevivir. Rusia puede ofrecer respaldo diplomático y mensajes de solidaridad; lo que no puede resolver es el agotamiento de un modelo que sigue castigando a la gente dentro de Cuba.

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