El historiador cubano Rafael Rojas afirmó que no ve señales de una operación militar de Estados Unidos contra Cuba y que la apuesta de Washington pasa por ejercer presión sobre La Habana a través de los efectos políticos y económicos que deja la crisis venezolana. Su lectura coloca al régimen cubano frente a una amenaza distinta: el golpe indirecto que debilita sus apoyos externos y aprieta su dependencia del petróleo de Caracas.
En entrevista con EFE, Rojas sostuvo que no aprecia evidencias de una acción militar estadounidense en la isla al estilo de la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro. A su juicio, la estrategia de Washington se mueve por otra vía: aprovechar el impacto de lo ocurrido en Venezuela para cerrar el grifo del crudo hacia Cuba y forzar un reacomodo en La Habana, donde la economía lleva años sostenida sobre una tutela ajena.
El historiador describió además un ambiente de tensión en la capital cubana, marcado por el duelo por los 32 cubanos muertos en el ataque militar a Venezuela y por la captura de Maduro, que ha sacudido el eje político de los aliados chavistas. En ese tablero, dijo, conviven lecturas que hablan de traición y otras que asumen una transacción obligada para negociar con Donald Trump.
Rojas también apuntó a un cambio de tono en Caracas con Delcy Rodríguez al frente del gobierno encargado. Señaló que el estilo confrontacional de Maduro quedó atrás y que los comunicados venezolanos dirigidos a Cuba resultan más fríos, con un antiimperialismo rebajado. Ese giro, añadió, refleja una negociación en curso y una relación entre ambos regímenes que ya no luce tan blindada como antes.
El académico cubano puso el foco en Rusia y China, aliados tradicionales de los gobiernos bolivarianos, a los que describió como distantes ante la intervención militar en Venezuela y la detención de Maduro. Explicó que ambas potencias venían replegándose desde antes, con China concentrada en Taiwán y Rusia volcada en su guerra contra Ucrania. Esa frialdad deja a La Habana con menos respaldo y más expuesta a los sacudones de Caracas.
Rojas recordó, además, que el régimen cubano calificó el ataque a Caracas como «inaceptable y bárbaro» y reiteró su respaldo a Maduro. Esa reacción confirma la atadura política y económica entre La Habana y Caracas, una alianza que desde el año 2000 se sostuvo sobre petróleo venezolano a cambio de servicios profesionales, sobre todo médicos, profesores y personal militar. Cada crisis en Venezuela golpea la base de ese pacto y exhibe la fragilidad de un poder que depende de la ayuda ajena para mantenerse en pie.

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